11a Convocatoria «Serial Killer»


Proyecto 14-999

Angel Ramírez

El experimento había acabado y era hora de analizar los últimos datos y sacar las conclusiones pertinentes. El gigantesco sitio debía ser limpiado para no dejar rastro de lo ocurrido, no podían permitir que sus proyectos se vieran corrompidos debido a que sus sujetos de pruebas se percataran de su situación. Un grave error sería que sus creaciones aspiraran a tomar su lugar y no lo volverían a permitir. Solamente había que seguir el protocolo, además, resultaba sumamente interesante observar el comportamiento de tales organismos y aprender de sus errores y catástrofes.

Los científicos se desplazaron hasta el sitio en sus vehículos de forma aplanada y con propulsores ovalados, surcando el espacio y acortando con hipervelocidad, los años luz que los separaban de sus sujetos de pruebas. El equipo encargado de aquella tarea se conformaba de un grupo de personas cuadradas y de piel grisácea, sus ojos inexpresivos reflejaban el vacío de agujeros negros. A comparación de sus otras subespecies, no les importaba qué lugar ocupaban en el surgimiento de su raza, probablemente no eran los primeros, pero sí los pioneros en crear más como ellos y aprovecharse de eso.

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Profundo

Ronnie Camacho Barrón

Desde niño, soñé en convertirme en biólogo marino, me encantaba pasar horas frente a la playa recogiendo pequeñas conchas, tomando como mascotas a los cangrejos y observando ballenas en el horizonte.

Sin embargo, mi padre se opuso. Quería que estudiara ingeniería aeroespacial y siguiera sus pasos en la NASA diseñando cohetes, traté de hacerle entender que el mar era mi vida, por su parte, él aseguró que el océano ya no tenía nada que ofrecernos y que era en el espacio donde se encontraba el futuro de la humanidad.
Discutimos por horas, hasta que harto, puso un ultimátum, estudiaba lo que él quería o me iba de casa. Escogí la segunda, fue difícil, pero no me rendí y aunque no pude convertirme en biólogo marino, como buzo del ejército, pude estar tan cerca del mar como siempre quise.

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¿Por qué no hay vida en el resto del universo?

Antonio Arjona Huelgas

Jacobo se preguntaba qué habría más allá del planeta Tierra. Todas las evidencias astronómicas indicaban la no existencia de vida en el universo, o la extinción de la misma. Tras mucho investigar, enviar sondas, mirar a través de telescopios o satélites, más nada había allá afuera. Claro, Jacobo no podía estar de acuerdo con esas conclusiones. Ramas subestimadas de la ciencia como la astrobiología invitaban a imaginar posibilidades insólitas. Aun así, no tenían evidencias suficientes para dar con ella. Así, Jacobo, mientras exploraba supervisaba las imágenes del telescopio NEWBORN, se hizo una pregunta: “¿Y si la vida allá afuera se ha desarrollado bajo condiciones tan lejanas a las de la Tierra que ni siquiera pueden reconocerse? Si es así, ¿Podemos comprender la vida en esas condiciones?”. Pensó en los exoplanetas en los que se había pensado que podían albergar vida, todos similares a la Tierra, con procesos más o menos similares. Quizá con suficiente parecido como para suponer la aparición de la vida, aunque no de la vida inteligente, o tan siquiera de la vida compleja. Entonces pensó, “¿Y si hay vida dónde nunca pensamos que la habría?”. Con ello en mente, verificó agujeros negros, planetas en condiciones extremas, planetas errantes, sistemas solares caóticos, tanto como pudo para encontrar a los potenciales habitantes de las estrellas lejanas. Se le ocurrió entonces buscar en un sistema binario, cuyas estrellas masivas habían consumido la mayoría de los mundos a su alrededor. Ahí notó algo: una sombra.

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La mascota del señor Petro

Eric Michel Villavicencio Reyes

La señora Martínez era una viejecita adorable que vivía en el número 48 de la calle Turkey. Tenía muchos amigos, y nunca negaba ayuda a quien la necesitase. Todos la querían en el vecindario y los niños iban a su casa a menudo para jugar con el columpio de su jardín.

Un día el señor Petro tocó a su puerta. La señora Martínez le recibió con alegría, como haría con cualquier otro visitante. Él pidió alguna comida para alimentar a su mascota, alegó que desde que probara la carne de pollo renegaba de los alimentos sintéticos. La señora Martínez entró a su casa y regresó en poco tiempo con dos postas enteras para el señor Petro, quien, agradecido, se fue tan silenciosamente como había llegado.

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Alejado

Juan Fernando Bastías Cofré

Fui enviado hasta un planeta olvidado, cercano a un nuevo sol. Decían que había inestabilidad y la sobrevivencia no era segura. Mi viaje podría ser considerado un castigo. Cometí algunos errores en la tierra que al parecer purgaría con esta arriesgada misión. Escogieron un lugar inestable, poco estudiado, de escaso interés y nunca antes explorado.

Había bajas probabilidades de encontrar algún elemento útil, ni mucho menos poder habitarlo en un futuro. Pero, querían experimentar con un nuevo sistema de abastecimiento de aire. Por mi parte, no tenía otra opción que aceptar, estaba estancado en los vicios que se hicieron triviales en mi mundo. Necesitaba este destino.

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Invocación

Dayanet Polo Matos

Suena el Zomuscán,
tambor de mi pueblo.
El ritmo te llama.
Ven Xihualpanatl.
Asciende
Rompe
Brota
Desgarra.
Repta hasta mis brazos
único titán.
Muerde.
Devora.
Has crujir los huesos
de estos innombrables
hombres sin valor.
Escucha mi canto
y emerge
Ven a esta devota,
Xihualpanatl.

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Solo para desahuciados

Eric Michel Villavicencio Reyes

“Solo para desahuciados”, clama el cartel de la entrada, y quizás por eso no se le acerca nadie, a pesar de ser un restaurante vacío en un día convulso.

Cumplo los requisitos, y estoy hambriento. Obras de caridad como esta no se ven todos los días; apenas una olla de sopa y una papa para todos suele ser más que suficiente para contentar a los muertos de hambre.

Entro, me recibe una calidez inusitada, algo que no conozco, o finjo no conocer para no extrañar. Las empleadas, todas mujeres, me esperan formando una fila, me guían a una mesa con una sola silla. Todas sonrientes, todas expectantes.

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