9a Convocatoria ¡Horror Erótico!


Juego de niños

Andrés le teme a los payasos, así como le teme a los perros y a la oscuridad. Andrés tiene 8 años y hoy es su cumpleaños. A diferencia de otros niños, este día le molesta, así como le molesta la actitud de mamá. Le encantan los regalos y el pastel, pero sabe que para llegar a ese momento del día debe soportar convivir con otros niños, juegos y todo eso que ha preparado mamá porque dice que lo quiere mucho.

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Preparándome para la noche

Fer Del Rosario

Sin un gran armario
no hay cabida
más que en un cajón
para un monstruo.

Y sería tan pequeño
el ente que habite un cajón
que no asustaría.

Y no hay demonio que
aceche mi habitación
y no sea iluminado
hasta sus más oscuros planes.

Relleno cada rincón
iluminado cada recodo
no hay lugar para las sombras
no hay espacio para el horror.

(Cae la noche)

Juntando las pestañas
descubro el espacio
entre párpado y ojo
suficientemente oscuro
para una pesadilla.

¡1, 2, 3 por ti!

Claudia García

—18, 19, 20… listos o no ¡aquí voy!

El pequeño comenzó a correr entre risas, ansioso por encontrar a mamá y papá, demostrando así quién era el mejor jugando al escondite. Después de caminar por aquí y por allá llamándolos a gritos, una sensación desagradable comenzó a crecer en su pecho, sensación que aumentaba con cada paso que daba.

La casa le comenzó a parecer grande, muy grande, los pasillos se volvían como esas serpientes enormes que aparecían en los libros que su padre tenía en el estudio; caminó cada vez más lento hasta detenerse por completo. Un profundo silencio lo rodeó ahora que las risas y los gritos habían terminado, mientras un gesto de preocupación se revelaba de a poco en su carita sonrojada por el frío.

—¿Mamá?¿Papá? —preguntó a media voz, pero al no recibir respuesta, y sintiendo el miedo crecer en su interior, gritó cada vez más fuerte—. ¡Mamá! ¡Papá! ¡Mamá! ¡Papá!

En ese momento se oyeron pasos a lo lejos llamando la atención del niño, que estaba al borde del llanto. Con creciente alivio, aunque no por eso menos angustiado, se adentró deprisa en un pasillo; corrió por mucho tiempo, y seguro hubiera continuado de no ser porque tropezó con un objeto del suelo, dañándose la rodilla. Estuvo un rato sentado en el suelo, llorando y esperando a que su mamá apareciera, sin embargo, todo a su alrededor siguió tan vacío como antes.

Un sonido parecido a pisadas se volvió a escuchar, esta vez más cerca.

—¡Mamá! ¡Papá! —exclamó el niño con renovada alegría.

Deseoso de encontrarse con sus padres lo más pronto posible, se levantó con cuidado y deambuló otro rato, prestando atención a cualquier cosa a su alrededor; era increíble la cantidad de basura que encontró a su paso y cuando se topó con pedazos de vidrio y otras cosas filosas, frunció el ceño. Si su madre estuviera ahí, lo tomaría de la mano para alejarlo lo más pronto posible.

Después de un tiempo se dejó caer, totalmente exhausto; por más que pensaba en que sus padres seguían escondidos y que sólo tenía que buscar más para encontrarlos, esa sensación desagradable continuaba creciendo en su pecho, llenándole los ojos de lágrimas.

Ya no quería jugar, ya no quería ganar, ya no quería ser el mejor jugando, ya no quería jugar, ya no quería jugar… ya no quería… YA NO… YA NO…

Un ruido lo distrajo justo cuando empezaba a llorar.

Una sonrisa iluminó su rostro al pensar que por fin el juego había terminado, así que sin perder tiempo se levantó, listo para encontrarse con sus papás.

Los pasos estaban más cerca.

La sonrisa se fue borrando de su carita al escuchar cómo el ruido se hacía más fuerte, porque ese ruido era de muchos pasos, eran demasiados pasos que se acercaban cada vez más.


El alivio se transformó en miedo cuando comprendió que aquello que se estaba acercando no eran mamá y papá; de un momento a otro el juego había cambiado y ahora era él quien debía esconderse, con la esperanza de que no lo atraparan.

Se echó a correr por el primer pasillo que le pareció se alejaba más de ese lugar, sólo para detenerse por el cansancio poco después; el cuerpo le dolía y le costaba mucho respirar, su angustia sólo aumentó cuando comprendió que no podría correr más, mientras el retumbar de pasos se escuchaba más cerca, cada vez más cerca…

Los ojos del niño se abrieron enormes cuando una voz a su espalda gritó:

—¡Te encontré!


Última Ronda

Daniel Greene

Esta noche el guerrero se levanta por última vez. Su figura monstruosa no volverá a escapar de su vitrina, acechándome cual cazador. Hoy le daré la pelea que me exige desde hace mucho. Me incorporo de la cama, aún adormilado; la luz de la luna y los faroles del jardín iluminan mi habitación con un blanco frío.

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Corazón del cielo

Escoria Medina

Lo mantuve oculto durante años. El paso del tiempo le ha quitado el brillo, el deseo. A veces, en las noches de insomnio lo escucho vibrar, llamándome. Ese sonido inaudible para otros pero que mis oídos identifican de inmediato. Su canto me duerme y en sueños volvemos a ser uno, otorgándome el terrible conocimiento. En su brillo vi más allá de las estrellas y las constelaciones, y ahí, entre espacios que el hombre nunca podrá nombrar, existe él, dormido, aguardando el momento de destruirlo todo.

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Como una gata salvaje

Andrei Lecona Rodríguez

La oscuridad comenzaba a caer sobre la selva, pero el calor seguía siendo tan sofocante como a mediodía. A través de la densa vegetación, un grupo de hombres avanzaba con gran esfuerzo. Iban formados en línea, tal como les había enseñado un comandante gringo cuando apenas eran reclutas en la escuelita del terror, nombre no oficial del campo de entrenamiento del cártel. Sabían que estaban ya muy cerca de su objetivo, así que se detuvieron para descansar un rato. Hasta ese momento, habían mantenido un silencio estricto para evitar fatigas innecesarias. Pero ahora tenían la oportunidad perfecta para aclarar algunas dudas sobre el trabajo que los ocupaba.

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La cuarentena del terror —Museo del horror Saltillo

Por: Deliet

Este confinamiento nos ha quitado a más de uno el sueño, tanto que no me parece nada raro estar despierto a las 3 de la mañana viendo tontería y media en el teléfono, así que les traigo otra recomendación más para las noches de insomnio.

¿Te gustan las investigaciones nocturnas? Si sigues páginas o canales donde algunos aventurados deciden ir a locaciones olvidadas e interesantes ¿qué tal si le agregamos el toque paranormal? Museo del horror Saltillo es una locación donde se exhiben objetos de naturaleza siniestra que se puede visitar en la ciudad de Saltillo, México… Sí, bueno, pero ¿eso qué tiene que ver con las urbex y peor aún cómo va ayudar al insomnio? Pues que, además de ser un museo, que se debe agregar a la lista de lugares a visitar, los administradores de este recinto transmiten en vivo sus investigaciones urbanas. Alejandro, Berenice y Lesly Mortem son los encargados de transmitir vía Facebook o YouTube estas expediciones nocturnas.

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Hill House y la soledad el trauma

Por Kenia Rodríguez.

La muerte es siempre sobre los vivos. Sí, la muerte tiene poco que ver con aquel que se despide de la vida y mucho sobre nosotros, los que nos quedamos a lidiar con la ausencia y todo lo que acarrea consigo. Recién he terminado de ver La maldición de Hill House y he recordado esta sentencia, aprendida a la mala, a partir de mis propias pérdidas. La muerte es lo más vivo que hay y esta serie es el ejemplo perfecto de ello. 

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La Canción de Urania

Por: María Fuentes Guevara

Zane ajustó la frecuencia de su auricular, pero sin importar lo que hiciera, lo único que escuchaba era estática. Tensó los labios y comenzó a intentar mejorar el alcance de la señal, sus dedos se movieron con rapidez sobre la pantalla de su teclado, pero sin importar cuántos códigos ingresara, cuántas veces potenciara el alcance de la transmisión, lo único que escuchaba era ese vacío molesto.

—¿Sigues sin noticias de Cowan y Nash? — la capitana Sivan apareció a su lado, inclinándose sobre la mesa de control, su cabello púrpura oscilando frente a su cara.

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