Cacería

Velas de cumpleaños envueltas en un halo fantasmal grisáceo que danza hasta perderse entre las partículas del aire que respiran los invitados. Cymtra ya es mayor de edad; conlleva más de una responsabilidad una vez que el pastel se termina y el montón de trastos se apila en el fregadero. La noche se presenta ante ella como la oportunidad de demostrar, ante la sociedad que la acompañó en el día, a inmiscuirse en el trámite hacia la madurez.

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Miedos infantiles

Manuel Hernández

Hace como 13 años en clase, un profesor de Humanidades nos realizaba la siguiente pregunta: ¿qué es la felicidad? y minutos después compartimos en voz alta nuestra humilde opinión sobre dicho cuestionamiento. Terminamos de escuchar a 36 adultos de 19 años aproximadamente y la conclusión fue: «la felicidad es la ausencia del miedo» pero como toda respuesta me llevé a casa la incógnita de la palabra clave (miedo), que en días recientes me volvió a resonar por diversas experiencias en soledad.

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Mis queridos padres

Ronnie Camacho Barrón

¡Los macarrones están listos!, ¿sabes?, nunca pensé que te traería a casa, no eres muy simpático y realmente muchos te tenemos miedo, pero bueno mis padres querían conocerte y que mejor forma de hacerlo que invitándote a cenar.

Ya quiero que den las ocho para que se despierten y al fin te puedan conocer, sé que para ti es muy gracioso molestar a los demás y más centrarte específicamente en mí solo porque soy adoptado, pero Mamá y Papá ya me había advertido que muchas personas no lo entenderían y que otras más se reirían de mí solo por eso.

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Canción de cuna

Hay canciones que evocan los más profundo miedos infantiles, pero ninguna como Lullaby de The Cure. Lullaby refleja el terror que se siente cuando estás en la cama pensando que saldrá algo de la oscuridad del closet o de debajo de la cama. Ese Spiderman que no puedes ver pero que sabes exactamente cómo luce. Ese monstruo, producto de tu imaginación (o no) que te hace correr a la cama de regreso del baño por un largo y lóbrego pasillo que con el tiempo descubres que ni es tan largo ni es tan lóbrego como pensabas cuando tenías 6 años.

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Me tienen miedo

Alejandro Negrete

Me llamo Brisa. Me tienen miedo, solo tengo trece años. Hace días que estoy en este lugar. Tengo puesto este chaleco que no deja mover mis brazos.

Todo comenzó una noche. Estaba de niñera en la casa de mis vecinos, los Prado. Se iban a una fiesta y me preguntaron si podía cuidarles a su hijo Julián, un bebé de dos años. Acepté.

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The Babadook

Deliet

Antes de dormir mira debajo de la cama, dentro del ropero. Si en la noche escuchas “un sonido retumbante y luego 3 golpes fuertes… es ahí cuando sabes que está cerca”.

The Babadook es una película del 2014, dirigida por Jennifer Kent. El film narra la vida cotidiana de una madre y su hijo. Samuel es un niño que tiene pesadillas todas las noches y su madre Amelia debe repetir cada noche la rutina de revisar debajo de la cama y dentro del ropero para demostrarle a su pequeño hijo que ningún monstruo vive ahí para atormentarlo. Amelia se nos presenta como una mujer cansada, deprimida, la cual no ha podido superar la muerte de su esposo y debe cuidar a Samuel, quien presenta un comportamiento errático y un tanto violento.

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Preparándome para la noche

Fer Del Rosario

Sin un gran armario
no hay cabida
más que en un cajón
para un monstruo.

Y sería tan pequeño
el ente que habite un cajón
que no asustaría.

Y no hay demonio que
aceche mi habitación
y no sea iluminado
hasta sus más oscuros planes.

Relleno cada rincón
iluminado cada recodo
no hay lugar para las sombras
no hay espacio para el horror.

(Cae la noche)

Juntando las pestañas
descubro el espacio
entre párpado y ojo
suficientemente oscuro
para una pesadilla.

¡1, 2, 3 por ti!

Claudia García

—18, 19, 20… listos o no ¡aquí voy!

El pequeño comenzó a correr entre risas, ansioso por encontrar a mamá y papá, demostrando así quién era el mejor jugando al escondite. Después de caminar por aquí y por allá llamándolos a gritos, una sensación desagradable comenzó a crecer en su pecho, sensación que aumentaba con cada paso que daba.

La casa le comenzó a parecer grande, muy grande, los pasillos se volvían como esas serpientes enormes que aparecían en los libros que su padre tenía en el estudio; caminó cada vez más lento hasta detenerse por completo. Un profundo silencio lo rodeó ahora que las risas y los gritos habían terminado, mientras un gesto de preocupación se revelaba de a poco en su carita sonrojada por el frío.

—¿Mamá?¿Papá? —preguntó a media voz, pero al no recibir respuesta, y sintiendo el miedo crecer en su interior, gritó cada vez más fuerte—. ¡Mamá! ¡Papá! ¡Mamá! ¡Papá!

En ese momento se oyeron pasos a lo lejos llamando la atención del niño, que estaba al borde del llanto. Con creciente alivio, aunque no por eso menos angustiado, se adentró deprisa en un pasillo; corrió por mucho tiempo, y seguro hubiera continuado de no ser porque tropezó con un objeto del suelo, dañándose la rodilla. Estuvo un rato sentado en el suelo, llorando y esperando a que su mamá apareciera, sin embargo, todo a su alrededor siguió tan vacío como antes.

Un sonido parecido a pisadas se volvió a escuchar, esta vez más cerca.

—¡Mamá! ¡Papá! —exclamó el niño con renovada alegría.

Deseoso de encontrarse con sus padres lo más pronto posible, se levantó con cuidado y deambuló otro rato, prestando atención a cualquier cosa a su alrededor; era increíble la cantidad de basura que encontró a su paso y cuando se topó con pedazos de vidrio y otras cosas filosas, frunció el ceño. Si su madre estuviera ahí, lo tomaría de la mano para alejarlo lo más pronto posible.

Después de un tiempo se dejó caer, totalmente exhausto; por más que pensaba en que sus padres seguían escondidos y que sólo tenía que buscar más para encontrarlos, esa sensación desagradable continuaba creciendo en su pecho, llenándole los ojos de lágrimas.

Ya no quería jugar, ya no quería ganar, ya no quería ser el mejor jugando, ya no quería jugar, ya no quería jugar… ya no quería… YA NO… YA NO…

Un ruido lo distrajo justo cuando empezaba a llorar.

Una sonrisa iluminó su rostro al pensar que por fin el juego había terminado, así que sin perder tiempo se levantó, listo para encontrarse con sus papás.

Los pasos estaban más cerca.

La sonrisa se fue borrando de su carita al escuchar cómo el ruido se hacía más fuerte, porque ese ruido era de muchos pasos, eran demasiados pasos que se acercaban cada vez más.


El alivio se transformó en miedo cuando comprendió que aquello que se estaba acercando no eran mamá y papá; de un momento a otro el juego había cambiado y ahora era él quien debía esconderse, con la esperanza de que no lo atraparan.

Se echó a correr por el primer pasillo que le pareció se alejaba más de ese lugar, sólo para detenerse por el cansancio poco después; el cuerpo le dolía y le costaba mucho respirar, su angustia sólo aumentó cuando comprendió que no podría correr más, mientras el retumbar de pasos se escuchaba más cerca, cada vez más cerca…

Los ojos del niño se abrieron enormes cuando una voz a su espalda gritó:

—¡Te encontré!


El abrazo del espectro

Andreyna Herrera

Una habitación de dos camas
nadie duerme en una de ellas
fue de alguien que falleció
tenía olor de ausencia…
Con la carita risueña de niña
se va temprano a dormir
los dulces sueños de fantasía
acurrucada entre el silencio…
Alguien hace rechinar la cama
se siente la presencia de alguien
la pobre niña se queda inmóvil
es el abrazo de espectro…
Quiere abrir los ojos y no puede
grita: ¡ayúdame mamá!
no importa cuán rápido corra
no puede despertar ni huir…w
Despierta asustada la niña
solo hay la otra cama vacía.
Será solo una pesadilla
se repite de nuevo en la noche
es el abrazo del espectro
que se alimenta de la vida…
No puede irse sin absorber
la energía de alguien frágil
ahí está una niña solitaria
presa fácil, criatura de luz…
No dice a nadie lo que pasa
sabe que es una niña callada
que nadie la escucha
que nadie le creería del espectro.
Se está quedando sin energía
con la cara pálida como la muerte
duerme cada noche
con el abrazo del espectro…

Papá volvió a casa

Andrei Lecona Rodríguez

1 de junio 2006

Querido diario: Mamá me encerró otra vez porque no quise comer lo que me cocinó. Estoy muy triste. De verdad intento comer lo que mamá me sirve, pero su comida es horrible. Siempre me siento enfermo después de comer lo que me da. Además, nunca me lleno, aunque coma mucho. Cuando termino de comer lo que mamá me prepara, me siento más hambriento que antes. Mamá dice que no está bien comer carne, que es lo mismo que matar. También me dijo que por eso dejó a mi papá; que por eso nunca me dejará verlo otra vez, porque come carne. Yo creo que matar no está mal, siempre que sea para comer. Pero tengo mucho miedo, no quiero que mi mamá me deje. Le prometí hacer un esfuerzo para que me guste su comida.

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