Junweikejiwei

José Luis Ramirez

La aeronave aterrizó más allá de los arrozales. Era un moderno vehículo aéreo, con alas rotativas sobre los alerones, las cuales sacudían la hierba entre dos torbellinos.

—¡Zhāng Wěi! —lo llamó uno de los soldados al bajar del vehículo, gritando con fuerza quizá debido a que aún tenía puestos los auriculares.

Giró el torso por completo hacia donde la voz y alzó la diestra para indicar que era él a quien se dirigían; entonces, el soldado corrió hasta donde estaba para mostrarle un código QR en su móvil.

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Interruptor Solar

Jorge Luis Pérez Martínez

La humanidad tiene la creencia de que fue la primera raza en obtener el poder de dar vida cuando crearon a los primeros robots, pero esto es un error. Millones de años antes de la existencia de la humanidad, del planeta Tierra, del sistema solar y hasta de la galaxia que habitan, una raza ya desaparecida creó los primeros seres sintéticos, una especie de robots a los cuales dotaron de inteligencia y un cuerpo de plasma capaz de soportar las clemencias del espacio, programados con el único objetivo de mantener en armonía la vida en el universo.

Para llevar a cabo esta tarea, sus creadores diseñaron enormes naves para observar y regular la vida en las galaxias. Estas naves capaces de emitir la energía necesaria para formar y alimentar la vida, se esparcieron por todo el cosmos y es a lo que los humanos nombraron como soles y estrellas.

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El universo en la mirada

Pablo Díaz Varela

La máquina de alumbramiento C44, encargada de cuidar a los bebés recién nacidos había errado en sus análisis, después de años de funcionar de forma perfecta había cometido un error con un varón pequeño de nombre Alfred. Aquel niño prematuro tenía una retinopatía leve causada por un exceso de oxigenación, aquello le impedía ver la imagen completa del mundo.

Alfred había crecido como un niño normal, sin ser siquiera muy consciente del daño en sus retinas. Estas le permitían ver un marco negro en sus ojos, pero el asunto era tan mínimo, que tanto el niño como su familia le habían restado importancia.

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Coleccionables

Ana Laura Bravo

Hay una mujer en el espacio. Sola entre un montón de criaturas incapaces de encajar entre sí. Se llama Última porque una civilización entera ha concluido con ella. Su nombre es un recordatorio. Vive en una embarcación galáctica que traza órbitas alrededor de las estrellas. Los ciclos pasan y Última deja de ser una niña tres días antes de que el coleccionista de los mundos extintos encuentre otro humano para su colección y el significado de su nombre se trastoque.

Apenas es un niño aunque ella no está segura de la diferencia en años terrestres: ha olvidado cómo calcularlos. El niño es pequeño y asustadizo, sobre todo al anochecer, cuando el coleccionista apaga las luces y todos se quedan inmóviles, algunos durmiendo y otros fingiendo dormir. La primera noche, sus ojos la despiertan. Tiene una pregunta en su mirada pero su boca está vacía de palabras porque todavía no aprende la lengua de las estrellas y ella ha olvidado otro idioma que no sea ese silencio exacto que llena el espacio y bulle en la embarcación.

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Latidos

Lord Crawen

Un abrupto sonido emergió de la cápsula donde resguardaba el corazón. Agotada y con todos los recursos puestos únicamente para poder lograr un primer latido, Lena descendió velozmente hasta su sótano después de que, entre sueños, y los aparatos en toda su casa, le dieran el veredicto del primer latido.

El pulso no mentía, el equipo de medición tampoco. Lo había conseguido. Sostuvo fuertemente con ambas manos la cápsula de cristal. Sonrió. Entonces, llegó el segundo latido. Un tercero. El cuarto. La maquinaria de la vida retomó en aquel instante el movimiento necesario para el bombeo de líquidos. Lena no cabía en felicidad al observar su trabajo convertido en realidad.

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El Nahual Errante #6 L’Amour Pourri

Para el amor queremos buscar sentido en lo predestinado, como si de un melodrama se tratase, pero yo lo veo más como la mala suerte: toparse por desgracia con los dos o tres años de la siguiente terapia. Mi madre bien me lo decía, “no voy a pagar terapias por el siguiente tropiezo amoroso, así que piénsalo bien”, pero yo nunca lo pensé muy bien y me dejé llevar, arrasando con todo a mi paso. El amor es un mundo fantástico y tétrico, depende de qué lado del show te toque mirar y, por eso, no podía quedar de lado como tema para el Nahual Errante.

¿Qué es el amor? Ya lo plantea Miguel Diaz como la eterna pregunta sin respuesta en su texto Saber amar con el que debuta como escritor de estas páginas. Los textos que componen este número van más enfocados en la reflexión en torno al mundo idílico del amor y las consecuencias después de despertar.

La portada, al igual que al monstruo de Frankenstein, es el conjunto de todo lo que termina podrido y unido. Busca en el amor la aceptación, pero sólo consigue inspirar la repulsión y el deseo de lo perverso. ¿Tan horrible es el amor?, ¿Quién podría siquiera intentar definirlo? Tal vez Mariana Enríquez se aproximó con Las cosas que perdimos en el fuego en los rostros quemados y desfigurados por “amor”.

La música, el cine y prácticamente cualquier creación humana habla sobre este florido sentimiento, así que las recomendaciones no se quedaron atrás y en la sección de cuentos, tenemos las distintas miradas de los colaborades y cómo el amor es también el medio para lo siniestro e insólito.