Txus di Fellatio, autor del Quijote

La portada creada por Gaboni es antesala para abordar una peculiar perspectiva hacia el Quijote. Usando una camiseta de AC/DC, más que dejándose atrapar por ensoñaciones flotando a través de la habitación, el trastocado anciano manchego del siglo XVI está al borde de la esquizofrenia. Repleto con cigarrillos apagados, el yelmo de Mambrino se aproxima lo más posible a ser la otrora bacía. Sancho utiliza una camiseta de Motörhead y su señor lleva una Fender atada a la espalda: los juglares de antaño se vuelven roqueros fracasados. 

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Bandersnatch, un juego imperfecto

¡ADVERTENCIA! 

ESTA RESEÑA CONTIENE SPOILERS INHERENTES A LA TRAMA EN BANDERSNATCH DE DAVID SLADE 

Tras descartar la posibilidad de acomodarme en el sofá, y después que Bandersnatch lamentara que mi laptop no fuera compatible con su formato, no quedó otra más que verla desde el smart. 

Aunque su tema no sea exactamente la tecnofobia a principios del siglo XXI, la experiencia en Bandersnatch podría ser la cúspide para el universo ficticio consolidado a raíz de la serie británica de ciencia ficción Black Mirror

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Todos pueden oírte cantar en el espacio

Star-Lord hizo oídos sordos cuando en Alien advirtieron que nadie podía oírte gritar en el espacio, y presionó PLAY en el estéreo abordo de la Milano.

Mientras exploras el infinito cosmos y aterrizas en la superficie de mundos fantásticos e imposibles de la mano de artículos y relatos en el Número 2 de El Nahual Errante, o si visitas entradas en el sitio web, puedes hacerte acompañar… por La Fuerza, claro está, pero también, con lo mejor de la música con una playlist especialmente diseñada para amenizar viajes interestelares.

“Hangar 18” de Megadeth

En Ohio a finales de los 90 se gestaba una conspiración terrestre-alienígena. El Hangar 18 es un sitio donde, a la fecha, se dice, se resguarda todo secreto extraterrestre. Es sin duda, a nuestra época, un completo misterio lo que dentro se desenvuelve.

Megadeth, dentro de uno de sus mejores álbumes jamás realizados, cuenta con esta canción sobre esta conspiración. Rust in Peace fue lanzado en 1990 y aborda temáticas anti-gubernamentalistas de “la paz” que la unión americana buscaba en el mundo tras “derrocar a la URSS”. El título alude a “rest in peace”, pero de manera que no existe paz sin una guerra.

 

“Teenagers from Mars” de Misfits

El punk no era lo mismo a finales de los ochenta.

Misfits gozaba ya de alta reputación en las esferas del horror punk. Habían trabajado en canciones con ésta temática como “I Turned into a Martian” y “Astro Zombies”. El sonido de Static Age (lanzado en 1997) iniciaría una conquista y un cambio radical en el sonido de la banda. Esta canción retoma la vieja bandera del punk, contestataria y rebelde, ante la imposición social. “Los marcianos”, jóvenes de una nueva generación que, parece, al pasar los años, sigue sin cambiar.

 

“Space Oddity” de David Bowie

El Starman presentó David Bowie, segundo álbum de estudio (el cual lo catapultó hacia las estrellas), en 1969. Nadie pensó que un álbum pudiese contener este nuevo sonido proveniente de un “ser terrestre”. El mayor Tom fue enviado al espacio en un transbordador. ¿Qué asolador destino tendrá ante el vasto y silencioso universo?

 

“Manto estelar” de Moenia

Ya sabemos. Gocen y punto.

 

“Mil años luz” de Barón Rojo

Una dedicatoria cósmica.

 

“Across the Universe” de The Beatles

De mano de la NASA, esta canción literalmente atravesó el universo en 2008 con dirección a la estrella Polaris.

 

La discografía de Seatbelts

Sentimos privar nuestra playlist de la magnífica discografía de Seatbelts (agradecimientos para Spotify), pero ello no frena nuestra búsqueda por gozar piezas de Yoko Kanno a ritmo del bebop vaquero.

 

“Ballad of Serenity” de Sonny Rhodes

Para acompañar nuestro artículo sobre Firefly. No olvides: no pueden quitarte el cielo.

 

“Heavy Metal” de Sammy Hagar

La música espléndida para aventuras espaciales está incompleta sin hablar sobre una joya dentro de las películas animadas ochenteras.

 

“Out of the Silent Planet” de Iron Maiden

Esta canción está inspirada en la película de 1956 Forbbiden Planet, y toma su nombre de la novela homónima de C. S. Lewis publicada en 1938.

 

“I Will Survive” de Gloria Gaynor

Durante la última década, mientras incontables películas estaban ambientadas en el espacio, el tema central para otro tanto fue la supervivencia pero ¿hace cuánto no topas un space survival en el celuloide?

Prometheus condicionó la credibilidad que muchos seguidores tenían hacia Ridley Scott y, si producciones como El hombre en el castillo (basada en la novela de Philip K. Dick) o Taboo (estelarizada por Tom Hardy) no bastan para redimirlo, quédense hasta los créditos de The Martian, basada en la novela de Andy Weir. Luego nos agradecen.

 

“I Don´t Want to Miss a Thing” de Aerosmith

¿Quién no vio la película, cierto?

 

“Johnny B. Goode” de Chuck Berry

Como “Across the Universe”, esta canción en verdad suena en el espacio exterior, grabada en discos dorados que viajan a bordo de las sondas espaciales Voyager.

Si una civilización extraterrestre avanzada decide no destruirnos porque el rock fue de su agrado, pueden dar gracias al Auténtico Rey.

 

“El espacio exterior” de Ultrasónicas

Los marcianos llegaron bailando rica chá, pero…

 

“Flash´s Theme” de Queen

Como el oso Ted, demos gracias a Sam Jones por salvarnos a todos.

“Cómo salvar un planeta: La Guerra de Ysaak de DrossRotzank”

Luego que seres antropomórficos crearan una utopía tecnológicamente avanzada, el omnipotente Pumo da a conocer su intención de destruir Yóvedi. Tras contactar a Hathor, –elfo pirata proveniente de la luna Titán– el dragón Varuuna da pie a una alianza a través del Sistema Solar para descubrir la naturaleza del invasor, comprender su móvil, y salvar el planeta.

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Además de la tercera novela publicada por el youtuber venezolano Ángel David Revilla bajo el alias DrossRotzank, La guerra de Ysaak es la continuación para su opera prima Luna de Plutón. Siendo historias independientes en el mismo universo ficticio, la linealidad no exige leer una para comprender la otra.

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Dross suele afirmar en sus videos que La guerra de Ysaak es su mejor obra, que recibe excelentes críticas literarias (la que hice hacia Luna de Plutón está en línea), y que encantará a sus lectores.

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Predominando entre youtubers hispanohablantes, es raro que Dross olvide la opinión pública en pro de humor negro versátil e icónico para la época experimental previa a su contenido y audiencia actuales. Lo conocí hace más de una década, cuando escribía libremente para lo que tenía facilidad, era más de su agrado, y armonizaba con su forma de ser.

De haber priorizado y publicitado los textos de humor negro (lo mejor en su producción literaria) en el blog a través del cual se dio a conocer, sus seguidores actuales lo habrían tachado de grotesco y los hubiera perdido.

Comparada con antaño, su producción actual –audiovisual y literaria– conformada por elementos aparentemente profanos y terroríficos apunta hacia una broma de mal gusto.

Desde tiempos del blog, para los llamados ‘fans de huesos negros’ la literatura de Dross era rica, acertada y bien encaminada siguiendo la senda de los artículos humorísticos antes que la del cuento (presente de manera esporádica), siendo ésta última en la cual presentaba mayores aspiraciones literarias. Basta comparar el relato más atrayente en el sitio web con la entrada ‘Poesías de Dross’.

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Dross generó interés hace aproximadamente una década con la entrada en el blog ‘La Guerra de Ysaak’, cuya nota introductoria se refería al texto como un cuento experimental (lo que quiera que eso signifique).

Siendo un texto electrónico, postergué su lectura hasta la irrealización.

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Una norma para la noble exploración literaria dicta: “Hay demasiado por leer. El lector otorgará una única oportunidad al autor”.

La segunda oportunidad a un autor mediocre es un caso extraordinario, y no planeé darla a Dross. Tratándose de cualquier otro autor, si leer Luna de Plutón no hubiera influido a no leer La guerra de Ysaak, la trama de éste último lo hubiera hecho.

En palabras de un profesor, Luna de Plutón “no es la gran cosa”; no fue trascendental, ni generó suficiente interés como para explorar la obra de Dross. La experiencia se habría limitado a lectura y crítica, pero Dross obtuvo el indulto debido, tanto al mérito vitalicio con que cuenta su blog, como por buen –aunque esporádico– contenido entre una pobre producción audiovisual.

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Pésima idea

Pese a la común influencia que la moda ejerce sobre el ritmo de selección lectora, no suelo comprar y leer una obra justo cuando sale al mercado.

‘La guerra de Ysaak’ tardó una década en pasar de lo digital a lo rústico, y pude leerlo.

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Antes de adquirir La guerra de Ysaak, con el archivo en Word como única referencia, asumí que éste abarcaría gran parte de la novela, pero sólo se trataba de un prólogo con alrededor de cincuenta páginas cuyos interlineados y tamaño de letra generaron un formato concurrido bastante peculiar y notorio.

Tras leer el prólogo descubrí en qué me había metido.

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Procrastinación literaria

Innecesario escribir más sobre la trama o estilo en La Guerra de Ysaak. Basta plantear de manera simplista lo ya mencionado.

Para colmo: explanación.

Es molesto prolongar la llegada de un final predecible sin algún elemento de por medio que lo justifique.

Independiente a la extensión del texto, importa lo que valga la pena entre inicio y final.

Conociendo el final o, al menos, siendo predecible, el autor debe justificar el recorrido, y La guerra de Ysaak hace lo opuesto.

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Simple deducción

  • Planteamiento: utopía emblemática dentro de la ciencia ficción (que roza peligrosamente en lo trillado).
  • Conflicto: derrotar un invasor todopoderoso.
  • Final: destrucción del invasor.

Uno gustaría contenido profundo, interesante y evocador a lo largo de quinientas páginas, en lugar de una larga narración que no avanza ni genera empatía hacia personajes planos en situaciones comunes, absueltos de momentos tensos.

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Fontaneros en el espacio

La guerra de Ysaak no cumple la función primordial para el arte: sumergir al espectador en la obra de manera que olvide que se trata de una obra.

La buena narración, el buen poema, la gran pintura, o la sublime puesta en escena privan al espectador de la pasividad por medio de verosimilitud.

En ningún momento La guerra de Ysaak genera verosimilitud.

La regla básica para el ficcionador en cualquier ámbito resulta evidente a nivel narratológico: no hay tema imposible de abordar. No en balde Stephen King no descarta escribir sobre fontaneros en el espacio.

Lo cautivador en un tema se reduce al talento del escritor. Por más fantástica o relevante que resulte una idea, sin saber plantearla ni desarrollarla, no conmoverá al lector ni trascenderá. El lector no está obligado a comprender la importancia de una obra, ni se esforzará en hacerlo. La propuesta del artista talentoso despierta el interés del espectador en cosas –hasta entonces– triviales para él.

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Síndrome de Guasón de Leto

Cantidad no es sinónimo para calidad, y La guerra de Ysaak pudo ser tanto o más entrañable que Luna de Plutón, de no haber sido mal encaminada.

Hasta hoy, en lo tocante a producción literaria, Dross cree que la pasión durante su proceso creativo guarda relación de equivalencia con la aceptación por parte del público pero, exceptuando la aprobación unánime por parte de sus seguidores en Youtube, no hay elogios literarios hacia su obra.

Yo habría querido ver al menos una crítica (favorable o no) que valiera la pena, de alguien que no fuera un quinceañero con nada más que una reciente novela de Star Wars, una entrega de Harry Potter, y otra tocante a Minecraft al fondo.

La síntesis depurada de pretensión pudo haber mejorado La guerra de Ysaak. La estructura del cuento es la herramienta ideal para purgar textos de aquello a lo cual King se refiere acertadamente como “paja y tonterías”.