La Mort Éternelle / The Hunger: Reinventando el Vampirismo

Fernando S. Zúñiga

Tras terminar la Primera Guerra Mundial, el actor Béla Lugosi se vio forzado a abandonar su natal Rumanía, encontrando un nuevo hogar en la ciudad de Nueva York y a Drácula, el personaje que, como buen vampiro, le chuparía la vida a cambio de fama y reconocimiento mundial. Su capacidad como actor encajó muy bien en el género del terror llegando a interpretar en múltiples ocasiones al cruel Conde Drácula tanto en los teatros de Broadway como en el cine. Murió de un infarto en agosto de 1956 y cuenta la leyenda que lo enterraron vestido con capa. A la fecha se considera el Drácula de Béla como un icono del terror clásico.

El Cine de los años 80 consolidó la industria como una máquina de generar blockbusters con millonarias ganancias; E.T. The Extra-Terrestrial, Back to the Future o Ghostbusters son algunos ejemplos, pero a su vez un gremio de nuevos directores buscaba romper esquemas experimentando con nuevos horizontes creativos. En pocas palabras -tirar lo viejo para darle entrada a lo nuevo-. De ahí que la cinta THE HUNGER comience con la canción “Bela Lugosi’s Dead” de Bauhaus (interpretada en el film por los propios miembros de Bauhaus) como una declaración de intenciones que nos dice “Lo clásico ha muerto, demos paso a la reinvención”.

Décadas atrás, el cine de género representaba la imagen del vampiro como un espectro aristócrata con toques sensuales y en ocasiones hasta cómico o torpe. La mayor connotación sexual se les dejaba a chicas hermosas convertidas en vampiresas lascivas tras ser acorraladas y mordidas en el cuello. Pero THE HUNGER rompe con todo eso. Primeramente, el vampiro dominante es una mujer y aunque nunca se menciona la palabra “vampiro” en la historia, este ente es más sofisticado. No muere a la luz del sol ni en presencia de imágenes católicas y parece no tener la necesidad de aislarse de la comunidad. Su única debilidad es la necesidad de amar y de sentirse amada para no pasar en soledad el martirio que provoca la vida eterna. Para elegir una pareja el género le es irrelevante, luego los cautiva con un sutil juego de seducción y una vez envueltos en el frenesí sexual, desde la trampa de la pasión, son mordidos y dotados de las mismas capacidades y cualidades excepto la vida eterna. Usan un método parecido para cazar y alimentarse, pero con una violencia desbordada. Aunque parezcan criaturas impertérritas son vulnerables a la traición y al abandono. Un miedo desorbitado a envejecer es el precio que tienen que pagar. Sin duda alguna no son tan diferentes a nosotros.

Con una destacable experiencia en el desarrollo de comerciales Tony Scott buscaba emprender su carrera como director de cine. Su primer intento fue hacerse con los derechos de la novela Interview With The Vampire de Anne Rice y fracasó. Pero el creciente éxito de cineastas ingleses, entre los que destacaba su hermano Ridley Scott (que en ese entonces ya había dirigido dos obras maestras) y la buena reputación de Tony logaron que la productora MGM le insistiera para dirigir su proyecto vampírico: The Hunger.

Con un presupuesto de 10 millones de dólares, Tony buscó el mejor equipo posible para su debut cinematográfico. El gancho que llamaría la atención de la audiencia quedaría a cargo del fabuloso trío protagónico formado por súper estrellas del momento: El ícono francés Catherine Deneuve, la afamada actriz norteamericana Susan Sarandon y el cósmico David Bowie quien en 1983 era el artista más exitoso en la Tierra. Había publicado Let’s Dance, su decimoquinto álbum que lo llevó al pico de su popularidad y es hasta la fecha el más vendido de toda su carrera.

Junto con el director de fotografía Stephen Goldblatt y el compositor Michel Rubini dotó a su película de un clima sorprendentemente elegante que mezcla perfecto el punk con el goth y que es más notable en todas las secuencias que involucran a los protagonistas dentro de la casa. Y en una época donde el CGI (Imágenes Generadas por Computadora) aún no era un recurso habitual, los efectos de maquillaje estuvieron a cargo de el gran Dick Smith considerado un maestro por su maquillaje en The Exorcist.

Tras su estreno en abril de 1983, THE HUNGER fue un espeluznante fracaso de taquilla recaudando sólo 4 millones de dólares. Los productores no recuperaron la inversión y la crítica especializada la destrozó con comentarios como “Una historia de Vampiros bisexuales aburrida” y la etiquetó de “una crítica sofisticada pero vacía a la crisis del SIDA”. Tras el duro revés que le dio el ambiente cinematográfico Tony Scott regresaría a la producción de comerciales. Le tomó 2 años volver al cine, pero fue gracias a sus comerciales y a su ópera prima que el productor Jerry Bruckheimer se percataría de sus cualidades como cineasta, así que en 1985 lo contrató para dirigir Top Gun y el resto ya es leyenda.

Aunque a lo largo de su carrera legitimó un estilo que nadie más entendería igual, sobre todo en el género de acción, siempre se sintió opacado por el éxito de su hermano. “Ridley hace películas para la posteridad” reveló alguna vez “las mías son más de rock’nroll. Yo experimento”.

Con el paso de las décadas THE HUNGER conectó con numerosos admiradores y tomaría su lugar como “película de culto”. No obstante, al igual que sus protagonistas, el final de su director fue dramático y oscuro: Tras años de batallar con el cáncer, Tony Scott murió el 19 de agosto del 2012 tras arrojarse del puente Vincet Thomas en Los Angeles, California. Tenía 68 años. Su familia jamás hizo pública la nota de suicidio. Aquel día David Bowie declaró “Estoy extremadamente triste”.


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