Juego de niños

Andrés le teme a los payasos, así como le teme a los perros y a la oscuridad. Andrés tiene 8 años y hoy es su cumpleaños. A diferencia de otros niños, este día le molesta, así como le molesta la actitud de mamá. Le encantan los regalos y el pastel, pero sabe que para llegar a ese momento del día debe soportar convivir con otros niños, juegos y todo eso que ha preparado mamá porque dice que lo quiere mucho.

Andrés no tiene amigos. Para él es sumamente difícil llevarse bien con los otros niños del colegio, pero mamá ha invitado a todos los del salón, incluyendo a las niñas y, no sólo eso, también a su primo Luis que nunca deja de molestarlo.

Mamá, por si fuera poco, lo ha obligado a ponerse la camisa que pica, pues dice que se ve hermoso con eso puesto, pero la verdad es que él prefiere llevar la playera de Ben 10 o cualquier otra que no lo ahorque. Definitivamente a Andrés le molesta su cumpleaños y por eso preferiría quedarse sentado todo el día en la sala viendo televisión. Sí, se perdería la pizza y el refresco, pero no entiende por qué debe convivir con tanta gente que le molesta. Mamá pasa mucho tiempo en la escuela de Andrés mientras que a papá casi no lo ve, por eso mamá está a cargo de la fiesta y claro, todas las amigas de mamá también vendrán.

Mientras Andrés se hunde en el sofá, mamá abre la puerta que no deja de sonar. Es Luis y el tío Miguel.

—¡Qué grande estás! — dice mamá a Luis mientras él pregunta por “su primo favorito”. —Está en el sofá de la sala. Le va a encantar que estés aquí para jugar— le dice mamá y Luis corre en dirección a la sala para sentarse sobre Andrés y así fingir que ven televisión juntos.

—Mi papá va a darte una súper sorpresa, ¿sabes?, me dijo que no te dijera… pero creo que es importante que lo sepas. Le dije que no iba a gustarte, pero no me hizo caso—Andrés sólo quiere ignorar el comentario, pero Luis sigue hablando.

— ¿Sabes por qué dan tanto miedo los payasos?, ¿Te has dado cuenta que los adultos no les tienen miedo? El otro día vi en televisión que los payasos sufren una horrible enfermedad, por eso tienen la cara pintada de blanco y se pintan sus bocas de rojo.

Esa es la única manera de ocultar las llagas y mantener alejada a las personas del horrible bicho, por eso tienen los dientes amarillos y les apesta la boca. Los adultos no pueden verlo, pero los niños sí, por eso lloran.

Es obvio que Luis quiere molestar a Andrés porque ya tiene 12 años y Andrés apenas 8. Andrés sabe que Luis dice todo eso para asustarlo con cuentos de terror y fantasmas como cuando murió uno de los vecinos de la cuadra. Luis le contó que la gente reza durante nueve días al muerto, porque de lo contrario andaría por ahí asustando para siempre, pero durante esos nueve días, el fantasma tiene la libertad de andar asustando a su antojo, sobre todo a los niños que duermen solos. Andrés no pudo dormir durante nueve días en su cuarto y mamá se molestó mucho.

Andrés recordó cuando mamá lo obligó a saludar al payaso en el restaurante. El hombre de rostro blanco y nariz roja se acercó con un globo en forma de perrito para él, pero cuando éste intentó abrazarlo, Andrés comenzó a llorar. ¿En ese momento había visto al bicho del que hablaba Luis? Recordaba la cara blanca y la boca roja pero no a ningún bicho… ¿o sí? Ya no estaba muy seguro.

—¿Ya vas a llorar? — preguntó Luis al ver la cara sumamente preocupada de su primo.

— ¡No estoy llorando! Y… no te creo nada de lo que estás diciendo porque eres un mentiroso.

—Cree lo que quieras, pero todo esto que te digo lo vi en un documental en Discovery Chanel. Además, no te he dicho lo más importante… ¿Sabes por qué mantienen a la gente lejos del asqueroso insecto que tienen en la boca? —Andrés quiere taparse los oídos y dejar de escuchar, pero la curiosidad es más fuerte. Niega con la cabeza esperando la horrible respuesta de su primo.

—Pues porque ese bicho es contagioso. Cuando los payasos se acercan mucho, el bicho puede entrar por tu nariz o por tu boca y vivirá en tu panza hasta que seas grande, entonces, querrá salir, te enfermarás y tendrás que ser un payaso también.

Andrés sabe que esos programas hablan de cosas que pasaron hace mucho tiempo, de lo que existe en el espacio, de animales y dinosaurios. Él sabe que los adultos, como papá, ven esos programas y, por lo tanto, debe ser verdad porque a los adultos no les gusta que les mientan.

—Pues no te creo — Dice Andrés muy decidido para que su primo no note que ha logrado asustarlo— Además, no le tengo miedo a los payasos.

— ¿Ah, no? Pues entonces la sorpresa de mi papá te va a encantar. —Luis se levanta del sofá y se va al patio donde apenas comenzaba la fiesta.

Como es de esperarse, mamá obliga a Andrés a salir al patio y ve que algunos compañeros del salón corren y gritan. Es como estar en el patio de recreo, donde normalmente está solo. Andrés ahora no sólo está molesto sino además preocupado porque sabe que en cualquier momento podría aparecer un payaso e iría detrás de él por ser el cumpleañero.

Mamá, al ver que Andrés estaba sentado solo se acerca para intentar que juegue con otros niños.

—¿Qué tienes Andrés, por qué no vas y juegas con tus amiguitos?

— ¿Mamá, le temes a los payasos?

—¿Por qué preguntas eso? No hay nada que temerle al payaso, es sólo un hombre disfrazado.

—¿Es verdad que los payasos están enfermos?

—Andrés, deja de preguntar tonterías y ve con los niños a jugar.

Andrés se levanta sin poder decirle a mamá que no quiere payasos en su fiesta y le hubiera encantado acusar a Luis por asustarlo, pero no quiere que lo vean como un gallina y chismoso. Andrés decide ir en búsqueda de Luis antes de que el payaso aparezca en la fiesta. Quiere saber todo lo que el documental había dicho sobre los payasos. Quiere estar listo para no contagiarse del bicho. No quiere vivir como un payaso. No quiere ir a fiestas, no quiere que se burlen de él y no quiere que un bicho viva en su panza.

Andrés busca por todas partes a Luis, pero antes de encontrarlo, un payaso de colores chillones, sumamente gordo, con la cara pintada de blanco y la boca pintada de negro, entra por el jardín haciendo ruidos y diciendo tonterías. Andrés se queda congelado, esperando no ser visto por la horrible criatura, pero el payaso ya había sido informado de su objetivo. Las manos de Andrés sudan, quiere salir corriendo, quiere llorar. Se hace bolita, toma una piedra del jardín y la mete en el bolsillo del pantalón.

— ¿Dónde está el niño del cumpleaños? — pregunta el payaso con la voz gangosa y una risita ridícula.

Mamá se acerca y lo toma del brazo.

—Andrés, ve a saludar al payaso. —Mamá jala del brazo de Andrés para obligarlo a acercarse.

—No te pongas así, Andrés, ve a saludar al payaso.

Andrés se siente nervioso, no quiere tocar al payaso y mucho menos ser contagiado de un bicho que no sabe cómo es. El payaso se aprieta la nariz, hace ruidos, baila, pero no es suficiente para que Andrés se acerque a él.

—Andrés, ve y saluda al payaso o me voy a enojar seriamente contigo.
Siente cómo las lágrimas, de un momento a otro, saldrán a borbotones de sus ojos.

Andrés ve a su primo desde el otro lado del patio. Está muerto de risa.

El payaso decide acercarse al cumpleañero haciendo un baile ridículo.

—Amiguito, tengo un regalito para ti.

Andrés se queda quieto, apretando la piedra fuertemente con su mano derecha.

—¿Dónde lo habré dejado? —El payaso busca entre sus múltiples bolsillos. Todos miran a Andrés y al payaso. Todos quieren ver qué va a hacer el payaso.

Andrés no deja de ver la pintura negra alrededor de la boca del payaso, los dientes amarillos, la lengua escurridiza, ¿será el bicho?, el payaso sigue buscando, por todos lados, de su manga salen pañuelos de colores, toda una tira de colores. Andrés no deja de ver los dientes del payaso. El payaso tira y tira de los pañuelos de colores. Andrés no deja de ver las muecas, los dientes, la lengua. ¡Pañuelos azules, verdes, amarillos, rojos! Y los dientes, la lengua juguetona que brinca dentro de la boca del payaso. Si tan sólo saliera el bicho, Andrés lo aplastaría de un pisotón.

—¡Lo encontré, lo encontré! Pero debes acércate amiguito, está justo aquí, oculto entre mis manos.

Andrés quiere ver qué hay para él entre las manos del payaso, se acerca cuidadosamente con la mano metida en el bolsillo del pantalón. El payaso quiere que vea entre sus manos por un pequeño agujero entre sus palmas. El niño se asoma. El payaso abre las manos y un puñado de confeti sale disparado a la cara de Andrés por todos lados. Andrés grita, quiere quitarse los bichitos de la cara, grita “mamá” pero mamá no llega. El payaso intenta calmarlo, intenta hacer un chiste para él, hace gestos con la boca, con los dientes, con la lengua. Andrés sólo observa, “¡ahí está, ahí está! Andrés toma la piedra con fuerza y colores rojos brotan de la boca del payaso, de la cara del payaso. La piedra choca y los colores rojos salpican la linda camisa. Andrés oye su nombre, los niños lloran, las madres gritan. Tío Miguel toma del brazo muy fuerte a Andrés y avienta la piedra.

—¡¿Qué hiciste Andrés?! ¡¿Qué hiciste?!


Mamá se acerca para abrazar a Andrés, tío Miguel llama por su teléfono. El payaso gime tirado en el pasto. Los colores rojos también están sobre la cara de Andrés. Mamá llora.

— ¿Por qué hiciste eso, Andrés?

—Ya maté al bichito mamá, lo aplasté con la piedra.


Publicado por

Escoria

Mediocre intelectual, andrógino, depravada social. Soy un Dios fantoche de logros pueriles, de creaciones aberrantes e inestables. Todo un fraude.

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