Nuestra parte de noche: la oscuridad que se esconde detrás de las puertas

Cuando la literatura nos muestra los terrores infantiles, ésta termina desbordándose, mostrándonos que el mundo infantil es mucho más oscuro y siniestro de lo que podríamos imaginar. Los niños en la literatura terminan por ser recipientes donde se almacenan traumas que afectarán al personaje en el futuro. Harry Potter es un modo amable y claro ejemplo de esto, pero por desgracia o por suerte, la literatura gusta más de mostrarnos los terrores nocturnos y la locura del miedo ya que de ahí surgen todos los traumas que, como adultos, tenemos resguardados y es en la literatura, protagonizada por infantes, donde, como lectores adultos, nos enfrentamos a estos miedos resguardados en la oscuridad de nuestra mente.

Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez tiene como premisa los traumas que de jóvenes adquirimos y cómo éstos nos acompañan toda la vida. La novela se centra en la vida de Gaspar, un niño de apenas 5 o 6 años, el cual, en compañía de su padre, Juan, recorre la Argentina de los 80, durante la dictadura y la persecución política. Gaspar nace en el núcleo de una familia muy peculiar y su temible futuro es algo de lo que su padre está dispuesto a protegerlo por cualquier medio, ya que, al igual que él, Gaspar está destinado a convertirse en un médium de una secta que adora a la muerte y la oscuridad que emerge del culto. Esto implica que, a la muerte de su enfermo padre, él será el sustituto, heredando así, el terror que implica pertenecer a este grupo.

La muerte de la madre de Gaspar, en circunstancias poco claras, provoca que el médium se separe de la secta, lo que nos lleva al inicio de la novela con ambos personajes en la carretera rumbo a un destino desconocido. La vida de Gaspar cambia drásticamente, ya que a su corta edad debe lidiar con la enfermedad física del padre y con visiones espectrales que aún no entiende. Además, al ser hijo del médium, se ve obligado a participar en particularidades temibles, como buscar veladoras a media noche en un cementerio mientras su padre prepara la tierra para invocar a un demonio.

La relación entre el hijo y el padre es lo que detonará la personalidad de Gaspar. Cuando los años pasan y se asientan en una localidad tranquila, pareciera que el niño podría tener una vida tranquila rodeado de amigos, aun con un padre ausente, pero a consecuencia de un accidente, donde Juan podría ser el autor intelectual. ambos personajes se alejarán hasta un punto irreparable. En estos años de su vida, Gaspar teme a su padre al punto de creer que su vida corre peligro junto a él. Nada es claro para el joven protagonista e intentar comprender e inmiscuirse en las actividades del padre sólo provocará que éste termine por hacerle tocar parpados con pestañas en una caja o enterrándole un cristal en el brazo. El joven adolescente debe aprender a vivir solo, pero por suerte para él, tiene amigos que lo ayudan a llevar el caos con más calma hasta el temible encuentro con “la casa de Adela”[1].

Esta parte del libro marca por completo al grupo de amigos debido a que en la cuadra existe una casa a la que todos temen y en un juego de niños deciden adentrarse a la pequeña residencia para saber qué es lo que da tanto miedo, pero la herencia de Gaspar se hace presente convirtiendo el interior en un laberinto de puertas. La oscuridad que le precede busca al siguiente médium, además, se encuentra hambrienta. El juego termina con Adela desaparecida entre las puertas de las múltiples habitaciones. Gaspar y compañía traumatizados por todo lo que la casa les mostró y la muerte de Juan que más que una ausencia deja cicatrices y miedos por enfrentar.

Mariana Enríquez no sólo muestra lo difícil que fue para Gaspar enfrentar la desaparición de Adela, también nos muestra cómo el círculo de amigos enfrentó este trauma y las secuelas mentales que dejó en los niños y después adultos. La evolución de los personajes infantiles a adultos y los miedos que llevan arrastrando es una parte importantísima que se proyecta al final del libro ya que son estos rasgos de la personalidad lo que lleva a Gaspar a tomar las decisiones para enfrentar a la oscuridad, su familia y la secta que lo busca como reemplazo de Juan. Nuestra parte de noche es una novela que dejará una marca con personajes entrañables desplomándose a un estrepitoso final.

[1] Este cuento, que encontramos en el libro Las cosas que perdimos en el fuego, remite a los mismos personajes y la misma casa en Nuestra parte de noche. Adela es uno de los amigos de Gaspar cuya característica principal es la ausencia de un brazo y su personalidad extrovertida.

Publicado por

Escoria

Mediocre intelectual, andrógino, depravada social. Soy un Dios fantoche de logros pueriles, de creaciones aberrantes e inestables. Todo un fraude.

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