Papá volvió a casa

Andrei Lecona Rodríguez

1 de junio 2006

Querido diario: Mamá me encerró otra vez porque no quise comer lo que me cocinó. Estoy muy triste. De verdad intento comer lo que mamá me sirve, pero su comida es horrible. Siempre me siento enfermo después de comer lo que me da. Además, nunca me lleno, aunque coma mucho. Cuando termino de comer lo que mamá me prepara, me siento más hambriento que antes. Mamá dice que no está bien comer carne, que es lo mismo que matar. También me dijo que por eso dejó a mi papá; que por eso nunca me dejará verlo otra vez, porque come carne. Yo creo que matar no está mal, siempre que sea para comer. Pero tengo mucho miedo, no quiero que mi mamá me deje. Le prometí hacer un esfuerzo para que me guste su comida.

3 de junio 2006

Querido diario: Hoy hice algo malo. Mamá me preparó su comida otra vez. Me sirvió uno de los platos grandes. Cada bocado era más difícil de tragar. Sentía mucho asco, pero mamá me vigiló todo el tiempo, casi sin parpadear. Cuando terminé de comer, me dio permiso de subir a mi recámara. Me levanté de la silla, di unos cuantos pasos y entonces sucedió: sentí como si alguien me apretara el estómago con el puño; vomité todo lo que había comido a los pies de mamá. Ella se enojó muchísimo. Me agarró por el cuello y me hizo sentarme otra vez a la mesa. Llorando, le pedí que se detuviera, pero sólo tomó un puñado de comida y me lo metió a la boca. No sabía qué más hacer, así que le mordí la mano. Me encerró otra vez. Tengo tanta hambre. Su sangre es lo más rico que he probado en semanas.

6 de junio 2006

Querido diario: Hoy sucedió algo increíble. Papá volvió a casa. Era de madrugada, yo estaba dormido y, de pronto, una voz me despertó. Al principio era como un susurro, pero, poco a poco se hizo más fuerte. Escuché un golpeteo en mi ventana, entonces volteé y lo vi. Papá estaba allí, sus ojos amarillos brillaban como dos llamas en la noche; sus uñas largas rasgaban el cristal, haciendo un sonido hermoso. Corrí hacia él. Por un momento creí que estaba soñando. Pensé que desaparecería igual que las sombras al prender la luz, pero entró cuando abrí la ventana y me abrazó. Papá me levantó entre sus brazos, recargué mi cabeza en su pecho y pude ver sus colmillos afilados. Era tal como lo recordaba. Estoy tan feliz. Me dijo que ya no tendré que preocuparme por mamá nunca más. Ella está dormida, en un momento entraremos juntos a su habitación.


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