Latidos

Lord Crawen

Un abrupto sonido emergió de la cápsula donde resguardaba el corazón. Agotada y con todos los recursos puestos únicamente para poder lograr un primer latido, Lena descendió velozmente hasta su sótano después de que, entre sueños, y los aparatos en toda su casa, le dieran el veredicto del primer latido.

El pulso no mentía, el equipo de medición tampoco. Lo había conseguido. Sostuvo fuertemente con ambas manos la cápsula de cristal. Sonrió. Entonces, llegó el segundo latido. Un tercero. El cuarto. La maquinaria de la vida retomó en aquel instante el movimiento necesario para el bombeo de líquidos. Lena no cabía en felicidad al observar su trabajo convertido en realidad.

Puso en marcha el resto de la operación, no podía quedarse dormitando más de dos horas como de costumbre, este era el momento.

Solicitó a la computadora los registros de los residuos humanos , los cuales habían tenido ciertos parámetros vitales anteriormente sin necesidad del corazón. Los estertores del resto de los órganos, anclados aún a la pobre vida de un punto en el cerebro, al cual Lena dio un tratamiento específico para que no muriese, le dieron las esperanzas de continuar sus experimentos.

Ante tal descubrimiento, pensó en el reconocimiento de la ciencia, pero también el horror que le produciría a la gente saber que pudo reproducir el primer corazón a base de plásticos y una impresión en tercera dimensión por computadora. Los latidos seguían uno a uno retomando el camino para poner en marcha la maquinaria de la vida. Realizó las conexiones correspondientes con la ayuda de la computadora, así como con cada uno de los cálculos.

En pantalla, las pulsaciones aumentaban, al grado de llegar hasta las necesarias para albergar la vida. Lena introdujo una válvula a la cápsula del corazón para verter sangre que adquirió del banco médico únicamente para sus experimentos. El corazón la aceptó y de las válvulas salientes, el líquido vital manó de las mismas. Sus cálculos eran correctos, restaba el acto final.

Frente a sus ojos, el punto cerebral intacto y con vida, comenzó a emitir pulsos. De la computadora surgió un ruido extraño, como si fuese un grito virtual proveniente de otros mundos. Aquel ser no tenía voz propia, sólo tenía órganos compuestos y construidos a través de herramientas, mas el cerebro era lo único que ella había rescatado.

“Yo morí. ¿Qué haces Lena? ¿Qué es todo esto? ¡No puedo ver!”

― ¿Creíste que con arrojarte del séptimo piso del edificio sería suficiente para dejarme sola, cariño? Reconstruí todo tu ser, mantuve vivo tu cerebro durante cinco años y aquí estás de vuelta. Pronto tendrás un cuerpo y volverás a mi.

“Estás enferma, Lena, déjame morir”.

― Estaremos juntos por siempre, me lo prometiste y no pienso dejarte ir. Ya tengo cargadas nuestras memorias cerebrales para ser emuladas por la eternidad en un programa de computadora.

“¡Estoy harto de la vida, de esta vida y de los fracasos! ¡Sólo déjame morir!”

― Estamos juntos en esto, cariño, pronto la gente sabrá que con mi experimento, los puedo rescatar de la muerte. Pero no puedo construirte un cuerpo de fibra y plástico, debo hallar cuerpos frescos…

Lena salió de la habitación, la computadora siguió emitiendo los gritos de aquel ser que alguna vez fue un hombre, sufriendo por no estar ni vivo ni muerto, sino en un latido constante de un corazón inmerso en una cápsula con sangre.

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