Saber Amar

Miguel Ángel Diaz Barriga

¿Amor? ¿Qué es el amor? Ninguna pregunta me había causado tanto conflicto como esa. Cuando Yermein me la hizo trataba de ayudarme, lo sé, pero en realidad me había hecho caer en una espiral de pensamientos analíticos que no me llevaban a ningún lado.

Lo primero que se me vino a la mente, y me imagino que no soy el único, es que el amor es tener a alguien, pero no tardé mucho en darme cuenta que estaba en un error. Recuerdo que a Sofía la tuve y eso no había bastado. Ella había sido el primer amor en mi vida, o eso creí. La tuve. La tenía en una habitación a la que iba todo el tiempo que podía. Pero ella no dejaba de quejarse y de gritar, de llorar y de resistirse. Fue por eso que sabía que el amor no era tener a alguien. Sofía no parecía ser feliz ni parecía estar enamorada, y eso no te lo quería hacer a ti, no te quería ver sufrir, pues el llanto deformaría ese rostro tan hermoso, tal y como pasó con Sofía, que dejó de ser bella. Gran parte de su virtud era su sonrisa, como la tuya.

Poco después supuse que se trataba de dar todo de mí a la persona que amo, pero resulta que también era un error. Eso lo supe por Raquel, esa joven alegre que poco a poco fue perdiendo la energía con cada regalo que le hacía. No entiendo cómo lo que a mí me llenaba de ánimo, a ella le generaba asco o miedo. Supuse que no se trataba de compartir mi pasión por la anatomía, tal vez debía compartir lo que me interesaba de su pasión. A Raquel le gustaba cantar, creí que enseñarle cómo funciona la voz con las cuerdas vocales y el diafragma le iba a gustar, nos uniría. En realidad, vomitó y pidió una orden de restricción contra mí. Compartir no es amar. La unión de su pasión y la mía no fue suficiente.

A ti no te quise asustar compartiendo lo que en realidad no te interesa, y no era tan importante para mí que tú lo hicieras. Al final de cuentas yo quería amarte y que me amaras, sólo tenía que saber qué era amar para que esta vez sí funcionara. Por eso te amaba a escondidas, sin que lo supieras, para no estropearlo como antes. Te había visto por primera vez en esa obra de teatro en la que actuabas tan enamorada ¿Cómo podías estar tan enamorada? ¿Cómo estabas segura que era real? ¿Cómo sabías que estabas en lo correcto?

No me malinterpretes. Sé que era un personaje, una ficción, pero para actuar así de bien sé que lo debes de entender. Había algo en esa obra que no comprendía, así que comencé a ir cada presentación para verte actuar, para entender de qué se trataba. Cuando no pude dar con la razón decidí seguirte y saber si había algo en tu entorno, en tu vida cotidiana que me dijera cómo sabías eso.

Cuando te vi sufriendo por amor supe que no lo sabías. Pensé en que iba a decepcionarme, pero en su lugar me hizo apreciarte más como actriz, sin saber qué hacías aparentabas ser experta en los temas del amor. Decidí retrasar nuestro encuentro hasta estar plenamente seguro que te iba a dar el mejor amor de todos, de tenerte como tu personaje.

Estudié. Alguien importante dijo que el amar era una transacción, era dar y recibir. Me pregunté ¿Qué hay que dar? Caricias no, pues cada vez que acariciaba a alguien en la calle me gritaban o trataban de golpearme. En una ocasión me detuvieron en el transporte público. Yo daba caricias y recibía insultos.

Algún otro sabio dijo que era parte de la verdad, más mentira no puede haber. He sido sincero con todas, cada una de ellas, y en cambio me encontraba solo a causa de eso. Fue hasta que aprendí a mentir cuando pude tener una relación más o menos estable: no soportaban mis opiniones reales, mis deseos, mis intenciones. Decía lo que querían escuchar, lo que decidían pensar y creer. Mientras más cumplía con su expectativa más me acercaba a como se supone que debía ser el amor. De hecho, cada vez que descubrían la verdad se alejaban de mí.

Entonces creí que el amor era cumplir con una expectativa, pero ¿Cuál? ¿La suya o la mía? Cuando intentaba que cumplieran con la mía me llamaron autoritario, machista y controlador. Cuando trataba de cumplir la suya era un hombre mentiroso y manipulador.

Yermein, un amigo cercano que conocí en los blogs de aquellos temas que me gustaban, se burló de mí cuando le conté.

—Estás confundiendo el amor con una relación de pareja. El amor es algo más grande que el cómo te comportas con una persona—. Cuando leí eso en su comentario la cabeza casi me explota. Yermein era un médico cirujano. Se especializaba en el corazón, así que algo debía saber del tema.

Durante días me puse a pensar en cómo han tratado el tema los grandes artistas y algo que me quedó claro era que, por alguna razón que no entendía, el corazón era un factor importante en esta ecuación. Siempre hay referencias a ese órgano vital. O tal vez era la sangre, no por nada el rojo es el color del amor, seguro corre por la sangre.

“Es algo más grande” ¿A qué se refería? Una vez más me sentía aturdido, ignorante y frustrado. Cada función a la que iba a verte me dolía, sabía que me estaba tardando en entenderlo y cada día que pasaba sin hablarte era una herida. Se sentía…

Creo que fue en ese momento que lo entendí. El amor se siente y tal vez yo lo estaba pensando demasiado. Revisé todo sobre el tema y en eso coincidían todos. El amor se siente ¿Qué sentía yo por ti? Deseo, estaba claro, pero sé perfectamente que eso es un tema sexual, era otra cosa; pasión, lo entiendo como un elemento independiente, no necesariamente he amado algo que me apasiona; felicidad, no es así, me hace sufrir el mismo amor que siento por ti.

¿Qué es lo que más siento por ti? ¿Qué más necesitaba de ti? Bueno, te necesitaba a ti, eso estaba claro. Pero no se trata de tenerte como a Sofía, era algo más ¿Pertenecer? ¿Cuál es la diferencia? ¿Qué tendría que pasar para que no cometiera el mismo error que antes? Pertenencia: nunca he creído que te debía tratar como una propiedad, no eres un objeto. Cuando se trata de una persona “pertenecer” es algo distinto, aunque no sabía cómo. Solo sabía que quería ser parte de ti y que tú fueras parte de mí.

Recuerdo cuando tuve ese pensamiento: ser parte de ti y tu parte de mí. Estaba acostado sin poder dormir, pensándote como siempre, de madrugada. Miraba el techo y fue cuando lo entendí todo. Entendí el amor. Se trataba de ser parte, aquella idea tan trillada era verdad: amar, una relación con amor, era ser uno entre los dos.
Tomé mi laptop y sin problemas contacté a Yermein en el blog de la deepweb. Él parecía divertido con mi descubrimiento, pero accedió a ayudarme. En algún punto pensé en decírtelo, pero me di cuenta que no era necesario que lo supieras. Entendí que el amor era unidireccional, y yo te amaba a ti, era suficiente.

Al final de cuentas se trataba del corazón, no sabes lo feliz que me hizo saber que éramos compatibles, tuve que entrar a escondidas a tu casa y robar tu sangre mientras dormías para saberlo.

No pasaron tantos días cuando fuimos por ti, el doctor me ayudó. La operación fue simple, nos quedamos dormidos y despertamos tiempo después. Yermein estaba a mi lado, sonriente, feliz de ser parte de este amor. Me dio instrucciones para cuidarte, cuidarnos— ¿Qué hago con el resto de ella?—Preguntó.

—Lo que quieras—. Contesté. Ahora estamos juntos, corres en mi sangre. Nos amamos al fin. Lo que me importaba era tu amor, y ya lo tengo. Nos amamos, con cada latido—No me interesa un cuerpo sin corazón—. Continué mientras miraba al espejo la herida en mi pecho.

—¿Y con tu corazón?

—Dáselo

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