Alimenta la tinta

Demian Shadows

Un primer indicio fue el de un ataque frontal de una enorme bestia, la cual había embestido al hombre, ahora occiso, tirarlo en el suelo y arrancarle las entrañas. La sola imagen era, sin duda alguna, un caso completamente cerrado. Pero, de haber sido una bestia lo suficientemente hambrienta, habría comido otras partes del antes hombre, no solo del pecho. La policía no daba crédito a tan sangrienta escena.

—Cada día esto se pone peor. Y nosotros tenemos que tener estómago para estas cosas. ¡Maldita sea! ¡Quiero unas vacaciones o cambiar de trabajo, aún no sé qué ocurra primero! —, comentó el oficial Aguirre.

El investigador oficial, el señor Valencia, escuchaba las quejas de su compañero mientras continuaba examinando el cadáver y el resto de la habitación.

—Hay algo que no cuadra con la escena mi querido Aguirre, si gusta y creo, si estómago lo agradecerá, salgamos de la escena a tomar el aire y sacaré algunas deducciones al respecto.

—Bien, hagámoslo de una puta vez entonces. Me… Me encantaría. Iba a decir, “me muero”, pero dadas las circunstancias…

Ambos descendieron las escaleras y salieron del apartamento, donde ya una congregada y amplia multitud había ido para cubrir la noticia, más temprano que los medios locales.

—Las redes sociales amigo, ya son más rápidas que “El Clarín”.

Valencia sonrió levemente. Fueron detrás de la casa y entablaron una breve conversación.

—Esto, compañero… No lo hizo una bestia. Es más, dudo que haya sido un hombre.

— ¿Un fantasma o una bestia proveniente de otros mundos? Ahora tenemos que, aparte de buscar al culpable, creer en cuentos apológicos de Lovecraft o King… Amigo, esa no te la voy a creer.

—Según el primer reporte…

—El primer reporte de una chica completamente asustada porque su novio la llamó de noche a su celular diciéndole que escuchaba cosas en su casa. De haber sido así, ¿por qué el tipo no nos llamó a nosotros? Y su novia lo hace una vez que este ya estaba…

—Aguirre. No hay forcejeo de puertas. No he visto una sola ventana abierta. Huellas de entrada o salida. Algún elemento en el suelo o paredes de forcejeo. El tipo murió dentro de su habitación, retorciéndose hasta…

Aguirre comenzó a sentir náuseas y a cambiar su rostro de color.

— ¿Y así quieres seguirme el paso viejo? Mira, de momento es lo que voy a poner en el reporte.

—No creo que el chico se haya suicidado de esa forma…

Un grito ensordecedor acabó la conversación que tenían los policías cuando aparecieron los forenses al llevarse cubierto y en camilla el cuerpo. Una joven se abrazó fuertemente a la camilla, queriendo dar un último vistazo a lo que quedaba del ser dentro de la cubierta. Llegaron para intervenir, mientras la chica forcejeaba para poder entrar en la camioneta de forenses e ir junto con el occiso.

— ¡Déjenme maldita sea!

— ¡Niña basta ya!-, espetó Aguirre.

—Oye niña, ¿tú llamaste a la policía?

—Fui yo, ¿quién mierda es usted? ¿Quiero ver a Javi?

—Soy el detective Valencia, estoy a cargo de la investigación. Necesito que me aclare algunos puntos si no es mucha molestia jovencita. Sé el duro momento que estás pasando pero no querrás ver lo que vimos. Recuerda a tu… novio con… como lo quieras recordar pero en vida.

La joven sollozaba y pataleaba mientras Aguirre menguaba sus brazos sobre la chica a la que mantuvo abrazada. La camioneta con el cuerpo ya estaba muy lejos.

—El nombre de la víctima era Javier Valle.

—Sí, así es.

—¿Cuándo se conocieron?

—De toda la vida. Él adquirió este departamento hace algunos días, íbamos a mudarnos juntos.

—Es una zona muy urbanizada, ¿algún vecino les ha hablado sobre ataques animales?

—No. Era un sitio seguro, por eso queríamos mudarnos aquí.

—Correcto. ¿Enemigos de su novio?

—Ninguno, puedo contactarlo con su familia si eso puede ayudar, pero que yo sepa nadie.

—¿Algún trastorno o conducta extraña que pudiera usted describir?

La chica se quedó pensando. Ambos oficiales observaron a la niña, joven, casi mujer, pensando y a la vez sosteniendo largamente las lágrimas en sus ojos, para no sollozar en lo que tendría que decir.

—Era muy tranquilo. Adquirió el departamento hace tan solo 2 semanas, estaba muy precipitado en esos días. Me dijo que era necesario que viviéramos juntos ahora que tenía un buen empleo y podía pagar un sitio para ambos. Yo también comencé a trabajar para ayudarle con los gastos y, de pronto, llegó con esta noticia. Me trajo aquí. “Es un lugar tranquilo”, me dije. Pensé que funcionaría. Hubo días en los que al llamarle, su celular me enviaba a buzón. Eran los fines de semana, dormía mucho.

— ¿Estuvo ese tiempo en el departamento?

—No, estuvo en casa de sus padres. Ellos decían que dormía más de lo acostumbrado. Ocasiones en que de noche se levantaba a comer, como si fuese de día. Hacía ejercicio por la madrugada y luego, en el día, tenía mucho sueño y cansancio. Otros días, todo lo contrario. Solía ser muy activo.

—Él lo llamó antes de lo sucedido, ¿qué fue lo que le dijo?

—A parte de que me amaba, en general que no tendría nada de por qué preocuparme. Me indicó donde estaban los papeles del departamento entre otros documentos. Escuché otra voz en el cuarto, pero, parecía no provenir de ahí. Me aterré y fue cuando colgué y los llamé.

Ambos policías se miraron y avanzaron un tanto lejos de la joven.

—Valens, no hay indicio alguno de que esta niña hubiese cometido crimen pasional o alguien más. Creo que este es un caso, como dices, fuera de nuestra jurisdicción…

Una llamada entró al celular de Aguirre quien tuvo que dejar un momento a su amigo para contestar. Valencia se acercó nuevamente a la joven para hacer una última pregunta.

—En el reporte que nos dio el sistema de ayuda telefónico, diste como seña particular un tatuaje en el pecho de tu novio. ¿Es correcto?

—Así es.

—Bueno… En este caso, tal vez haya sido un tatuaje temporal, no hallamos nada de eso.

La joven lo miró alegrada pero a la vez lo suficientemente extrañada. ¿Quién era entonces a quien sacaron del apartamento? Había una ligera esperanza. Valencia la dejó para reunirse nuevamente con su compañero, a quien le habían notificado preparativos del cuerpo y algunas indicaciones de trámites policiacos a seguir.

La policía analizó el cuerpo, sin llegar a una conclusión. La autopsia no arrojó dudas y un enorme misterio. La familia en efecto supo que era su hijo. Por la noche llegó la chica y con todo valor, admitió que se trataba de él. Su leve esperanza se había esfumado.

Con todo lo ocurrido, a Valencia aun le temblaba la mano y es que, ningún policía halló rastro alguno del tatuaje señalado por la chica en el reporte telefónico. Una y otra vez, en su oficina, Valencia leía la descripción:

“…Tiene un tatuaje de un tigre en el pecho…”

El caso iba y venía. Lo mejor era enterrarlo en una carpeta dentro de un archivero de metal como muchos otros. Ese no era el estilo de Valencia, quería llegar al fondo de esta situación. No hallaba la forma, aun dando vueltas a su asiento en el mismo lugar de su oficina, igual que el caso. Aguirre se mostró menos especulativo y solo pensó en dejar ir todo.

—Vamos amigo, tal vez…. Tal vez tenía un animal salvaje que se le escapó o… No sé, lo hizo él y escondió muy bien el arma.

—Sabes muy bien que nada de eso ocurrió y conoces perfectamente el procedimiento. No podemos descartar a nadie en esta situación.

—Y sigues leyendo el parte médico de una llamada telefónica de una niña nerviosa…

—Esta niña nerviosa dijo que tenía un tatuaje. ¿Quieres que niegue la primera declaración de la única persona que lo conocía de pies a cabeza?

— ¿Y si el tatuaje era solo temporal?

—No lo era. De ser así hubiese señalado el cabello de color, los ojos de alguna tonalidad, alguna marca en la piel. No un tatuaje en el pecho… ¡Me lleva!

Arrojó todos los papeles al suelo, intentando comprender lo que sucedía aquella noche.

—Mejor deberíamos irnos a descansar. Mañana será otro día, te prometo que encontraremos una salida para esto. No cerraremos esta carpeta hasta que… No tengamos algo.

Arrojó los papeles al escritorio y salió por la puerta.

Valencia se quedó pensando unas horas más. No había nadie en casa que lo esperara, excepto su perro raza pastor alemán. Aun él esperaba que llegara con las manos llenas de comida más que a su presencia, así que no tenía nada ni nadie en aquella fría noche. La pared recibía la pelota una y otra vez. Que tan dura puede ser la soledad cuando juegas con la pared y esta misma te regresa la pelota. Sonó el teléfono. Inusual, pero alguien sabía que el detective solitario estaba en su oficina.

—Diga…

Silencio largo en la habitación. Alguien le explicó por el auricular largamente un suceso nocturno.

—Que nadie haga nada. Voy en camino. ¡No toquen nada! Llame a Aguirre, voy a necesitarlo urgentemente.

Tomó su abrigo y salió a tomar uno de los muchos autos de la policía. Halló uno libre y por fin se encaminó hacia la dirección que le dieron. Era un maldito detective, no necesitaba papel para memorizar la calle, las avenidas que tomar, el camino a seguir. Lo tenía en la mente mientras conducía. ¿Sería otro caso más en un solo día de aquel asesino?

Al llegar a la dirección, tal como había dicho, solo había un cerco policiaco en la casa. Los padres de la víctima, aterrados, yacían fuera, en espera de alguna respuesta. Vociferaciones, gritos, llantos, sirenas de las patrullas y de la ambulancia, sollozos, respiraciones profundas, algunas veloces; estaba acostumbrado a escuchar todo aquello. Tras una hermosa puerta de madera, en una casa donde habitaba gente adinerada, le esperaba el segundo caso del día. Nunca pensó en retirarse a dormir, pensó en resolver, si es que solía ser lo mismo, ambos casos. Entró a la casa. Sabía que fuera, todos lo miraban, tal vez, como una esperanza extra ante aquel suceso.

Ingresó sin miedo a la casa. Algunos oficiales ya estaban en la zona.

— ¿Qué tenemos?

—Joven de al menos 17 años, cabello negro. Se encerró en su habitación y se escucharon algunos gritos hasta esto.

Y señaló el horror. Aquel cuerpo parecía intacto y hermoso si se le veía de frente. Más, uno de los oficiales al levantar ligeramente la cabeza, no había nada de soporte en el rostro de la chica. Exento de cráneo y por ende, de cerebro. Valencia se aterró al ver aquello. No conocía fuerza alguna que pudiese hacer aquella atrocidad.

—…Entre sus cosas, hallamos un diario. Tenemos que hablar con los familiares, ellos reportaron que esta noche su hija se comportó de forma muy extraña, se aisló de ellos, escucharon gritos ensordecedores dentro y no pudieron entrar a la habitación hasta que… los gritos cesaron.

— ¿Dónde encontraron el diario?

—Ella lo tenía en sus brazos. Lo sostenía bastante fuerte. Como si algo quisiera rebatárselo de las manos. Tiene algunas contusiones y moretones en los brazos, propios de la fuerza que imprimió.

Valencia miró nuevamente al ángel ya sin vida, sin poder quitar de su mente, la imagen de aquella niña sin la parte craneal. Sus ojos no fingían la muerte, tampoco la vida. Pero fue lo único que le quedó.

—Necesito descansar unos minutos, esto ha sido demasiado por el día. Voy a estar en la habitación de al lado para examinar esto. Si llega Aguirre, que no me moleste por favor, debo hacer algunas notas. Entrevisten a la familia o vecinos, hallaremos el final esta noche. Aquí debe haber algo.

Salió y se encerró en la habitación de al lado. Cerró la ventana y consecuentemente la cortina de una pequeña ventana que había. Sin analizar, encontró que era un tipo estudio donde había ido a parar para su análisis profundo. Tomó el diario y lo puso en una pequeña mesa para propósito de estudio. Encendió las luces. Un pequeño armario, una silla, un ordenador sobre el escritorio de atrás y la mesita. Era un cuarto de estudio y nada más.

Se golpeó la cabeza repetidas veces. Trató de sacar la imagen. Las sirenas aun sonaban fuera, los gritos posiblemente de la madre que buscaba una explicación. Se sentó, algo incómodo, en la silla de la mesita y abrió el diario.

¿Qué buscaba?

Su ojo clínico lo hallaría al pasar las páginas.

Lo hizo bien, de atrás hacia adelante y entonces encontró lo que buscaba. Letras grandes, marcadas a rayones, pidiendo ayuda. Sangre en algunas hojas. Algunos pedazos de masa gris. El ataque perpetrado fue bastante intenso. Suspiró. Respiró. Sentía que las entrañas saldrían por su boca si no se calmaba. Abrió la ventana y los sonidos fuera se intensificaron.

Los reporteros se habían dado cita en el lugar. Gritaba fuertemente a sus compañeros que sacaran a la escoria del lugar, pero al parecer, nadie lo escuchaba.

Cerró nuevamente la ventana y siguió buscando a través de las páginas sanguinolentas y entintadas del diario. Retrocedió bastante, halló una caligrafía bien marcada, con tiempo y sentido; si, cuando la niña era cuerda y aún permanecía viva.

Adelantó un poco y comenzó a leer. Se estaba metiendo en la vida de una niña muerta. ¿Ese era su trabajo? Ya no lo sabía…

12 de Mayo de 20…

Querido diario:

Ya suena estúpido escribirte. ¡A quien chingados le importa! “Chingados”. ¿Nunca antes escribí palabrotas en tu cuerpo mi amigo? Bueno, creo que vas a irte acostumbrando. Eres muy importante para mí…

—¡Basura! ¡Sólo basura!

Iba a arrojar el diario a la próxima estupidez que encontrara escrita. Guardó la calma y continuó buscando. Aquel libro era un tanto extenso para una joven de 17 años aproximadamente.

14 de Junio de 2000000 y tantos…. Jijijijiji

Al fin amigo, ¡lo conseguí! ¿Sabes lo mejor? Me dio su dirección y teléfono. Solo tú y yo sabremos esto!!!!!!!

—¡Más basura! Vamos niña, ¡debiste dejar un separador o algo!

No tardó en hallar una caligrafía hecha de manera veloz. Retrocedió algunas páginas o, días y entonces:

21 de Agosto de 20…

He vuelto a ver a ese chico. Hizo realidad cada una de las fantasías mentales que tenía. Pero también me mostró sus tatuajes. ¿Sabes una cosa? No es que me haya enamorado o algo así, solo es algo casual, sé el tipo de chico que es, uno de esos que busca encuentros de ocasión. Lo interesante fue ver cada uno de los tatuajes que tenía. Me dijo que ni en sus peores pesadillas tenía algo parecido. Me agradó bastante conocer una parte extraña de su vida y, a fin de cuentas, le pedí que me llevara a aquel sitio. Tendré que esperar tres largos días empezando hoy para poder visitar el lugar. Créeme, quisiera hacerme uno, todos en la escuela tienen uno, puedo pensar que hasta los nerds tienen uno de Yoda o Darth Vader, o tal vez hasta del logo de una empresa de cómputo. Mantenerlo oculto va a ser una tarea difícil, no quiero los sermones de mi madre, sé cómo se pondrá en cuanto lo vea y lo mal que la voy a pasar en lo que se acostumbra.

—Tres días—, se dijo para sí el detective Valencia en lo que volteaba la hoja para el día siguiente:

22 de Agosto de 20…

Un día más que se va, un día menos para el tatuaje. Es una cuenta regresiva extraña. Hoy no he visto a mi chico. Lo esperaré, no quiero presionar esto que tenemos, es bastante bueno y ocasionalmente excelente…

Pasó el diario hasta el día 25 el cual, su descripción era amplia:

25 de Agosto de 20…

Hoy ha sido el día. No sé por dónde empezar, ya que todo ha sido tan caótico desde la mañana hasta esta noche. El sudor todavía recorre mi piel. El tatuaje me lo hice en el brazo. Esto es algo que quiero que lean mis hijos si es que un día decido tenerlos y solo tú vas a enterarte de eso, mucho antes que cualquier otra persona… O libro en tu caso. Quedé de ver al chico en un callejón cerca de la escuela, donde nadie pudiera vernos. Avanzamos hacia la avenida principal. Dimos muchas vueltas, ya que pasamos por el centro comercial tres veces. Cada vuelta, me preguntaba si es que me encontraba lista para lo que estaba a punto de hacer. Si una vuelta más ocurría, no estaría describiendo el magnífico y aterrador trabajo que ha hecho el tatuador.

Sucedido esto, entramos al centro comercial. He pasado muchas veces por ahí y nunca había visto una “tatoo store”. Así que me llevó al sótano. Llegamos a donde estaba una camioneta negra. Tuve miedo, pero él me sostuvo fuerte de la mano y avanzamos hacia la camioneta. Ascendimos y fuimos algo lejos de la ciudad.

Al llegar, hallamos un pueblo extraño y una carpa, como si fuese un circo, atravesando la intersección con la carretera. Ahí estaba el establecimiento.

“Sólo sueña”, me dijo y abrió la puerta de la camioneta.

“Te estaré esperando. Una última cosa… Sueña profundamente y lo tendrás”.

Entré al lugar. Estuve a punto de dejarlo por la parafernalia del sitio, pero ya estaba ahí. Además temía que de no hacerlo, el chico junto con los de la camioneta, me harían algo. El sitio tenía una pequeña recepción, un viejo mueble de cristal que mostraba un cúmulo distinto de piercings. Al lado, revistas de tatuajes. Sobre él, cráneos. Colgado en el techo, más cráneos. En las paredes, cráneos reducidos y máscaras de tribus antiguas. En el fondo, una chica se iba acercando a recepción. Tenía el cabello blanco y usaba unos pupilentes amarillos, que sobresalían de la fantasía. Parecían sus ojos reales.

“En unos momentos será tu turno”. Aquella voz salió de alguna parte, pero no de ella, como si hubiese entrado en mi cabeza y repetido la frase una y otra vez.

De fondo, una pequeña carpa iluminada con luces rojizas y azules, el tatuador trabajaba. El hombre, sobre la camilla, porque era una camilla del servicio médico donde tatuaban, se le veía completamente tranquilo, como en un sueño profundo mientras el hombre trabajaba en su arte.

“Sólo sueña”, recordé. Y eso sucedió, empecé a soñar y a quedarme dormida. Hacía calor en la carpa y…

Bueno, desperté en la camioneta con el chico y los secuaces de negro.

“Te quedó excelente. ¡Mira que obra!”.

Me miré el brazo y algo asustada por lo ocurrido, tuve que guardarme los sentimientos mientras el chico hablaba mucho. No recuerdo ni una palabra de lo que dijo; repetía constantemente “Alimenta la tinta” y no se todavía que significa. Imagino que será untarme crema sobre el brazo para que esta hermosura no se reseque o pierda el color.

Mi tatuaje es un monstruo con el que soñé desde hace tres días; marino, humanoide, con escamas verdeazules, emergiendo del mar. Su rostro, triangular y su boca conspicua, abriendo sus fauces con enormes y afilados colmillos. Su ojo, el único que puedo verle debido a su perfil, es enorme y blanquizco, como los que tienen los monstruos marinos de las zonas abisales de los océanos. No ve, intuye donde está la salida y va hacia ella, totalmente decidido.

Alimentaré la tinta antes que mis padres lo vean. Usaré algunas playeras de manga larga para evitar que lo vean y pierdan el juicio. Estoy feliz diario. He hecho algo de lo que me siento orgullosa.

26 de Agosto de 20…

He soñado con este monstruo otra vez. Nada hacia mí. Desconozco mi posición en el mar, pero soy su víctima. Puedo sentir como se acerca y abre sus fauces malignas. Despierto antes de que llegue. Me aterroriza un poco la idea. Iré a ponerme crema, mis padres ya durmieron y no quiero perderlo.

Sé que no debí de escribir esto hasta mañana… El tatuaje se ha movido de lugar. Estoy segura. Llamaré al chico. No, mejor no; pienso calmarme y dejar que esto se vaya a la mierda. Estoy nerviosa porque pueden descubrirme y hacer un escándalo por un trabajo en mi piel. Voy a dormir. No, antes la crema. Sí, eso es…

27 de Agosto de 20…

Segura estoy, segura… He soñado otra vez con este ser y me persigue a todas partes. He llamado al chico y no puedo encontrarlo por ninguna parte. Iré a buscarlo a su casa. “Alimenta la tinta”, no lo entiendo. Y estoy segura que este tatuaje se mueve día con día. No es mucho, más lo hace. Tomaré pastillas para dormir tranquila. Y la crema, si, la crema. No veo que se decolore… Hay que alimentar la tinta. ¿No?

El sonido de la puerta exasperó a Valencia.

— ¡¿Quién?!

—Becerril. Aguirre pregunta por usted ahí abajo detective. ¿Está todo bien?

— ¡Estoy realizando una investigación! ¡No quiero que nadie me moleste!

—Entendido detective. ¿Le traigo algo?

—¡No quiero nada! ¡Sólo váyase!

Valencia retomó la lectura, secándose el sudor de la frente.

28 de Agosto de 20…

Oficialmente estoy asustada… Esta cosa se ha movido y me mira. No soñé con él, fue tanto el poder del somnífero que no llegué a las primeras horas de clase. Debo tomar un descanso mayor. Hoy no tomaré somníferos, intentaré no pensar en el tatuaje. Esto es una pesadilla real. Y no voy a decirles a mis padres, será una catástrofe.

29 de Agosto de 20…

Reaparece el animal acuático en mis sueños. El tatuaje ha vuelto a su sitio. “Alimenta la tinta”. No es la crema. Debo soñar con él. Hacerlo que navegue en mi mente. ¿Será? No entiendo nada. Y no encuentro al chico. Muy aparte de requerir una explicación, tengo ganas de tener relaciones sexuales con él. Extraño tanto que me toque. Quiero que me toque… ¡Quiero que lo haga!

2 de Septiembre de 20…

No faltan páginas diario, tampoco he querido molestar tus hojas con mis quejidos diarios. Me empiezo a volver loca… No entiendo nada. La bestia me devora en pesadillas. Los días que no le permito hacerlo, días en que tomo somníferos o no duermo, siento como se mueve entre mi piel y carcome los hilos de mis músculos, retorciéndose lentamente dentro. Quiero arrancármelo, pero es tan bello. Tal vez eso significa “Alimenta la tinta”. Diría mejor “Alimenta la bestia”.

7 de Septiembre de 20…

5 largos días diario. ¡5! Escribo con número porque me estoy volviendo loca. Ya no es un simple sueño, ya lo escucho. Puede aletear tan fuerte que el sonido que hace al partir el agua es tan perceptible. Repta hacia donde me encuentre, en la escuela, el comedor, el camino hacia el autobús, en el subterráneo. ¡Esto no es real! El tatuaje no se ha movido. Esta cosa me está devorando en sueños y en la realidad. ¡Quiere volverme loca! No pienso dormir, esta noche tengo mucha tarea y no pienso caer.

Nuevamente la puerta sonó desde fuera. El sonido de la trifulca en las calles era mayor.

—¡Valencia! ¡Soy Aguirre! ¡Abre hermano, ¿qué carajo haces ahí dentro?!

—Investigando… Investigo… Este caso es tan… Tan… ¡No me molestes Aguirre! ¡Saca a la prensa de aquí! ¡Saca a todo el mundo! ¡Sácalos a todos!

—Derribaremos la puerta si es necesario.

—Dame unos minutos y te prometo que saldré.

—Está bien. La situación se está tornando tensa y te necesitamos. No sé qué demonios estás haciendo ahí encerrado, nos ayudas más afuera que leyendo dentro.

— ¿Cómo sabes que estoy leyendo?

—El chico que llegó primero, ¿Matos?, ¿Mateos? ¿Matosas?, ¡qué sé yo!. Nos dijo que tenías un diario en tu poder y te habías encerrado en el baño a leerlo. Ojalá no sea pornografía.

Aguirre soltó una leve risotada.

—No tardes, deja descansar al amigo un rato, iremos por unas chicas si quieres, pero no hay que recurrir a esto.

—¡Cállate que salgo en un momento!

Valencia tembló.

—¿El… baño?…

17 de Septiembre de 20…

Es inexplicable. No puedo contenerlo… Es demasiado. Un día me traga en sueños. Se arrastra hacia mí en la escuela. Toca la puerta de mi habitación antes que duerma. Si no duermo, a las 10:05 ya está en su apogeo, moviéndose. Lo he visto. He grabado con mi celular el suceso. ¿Y sabes qué hallé? ¡No veo nada en el video! ¡Nada! ¡¿Y sabes lo qué es eso?! No… No sé, me estoy trastornando. Quiero arrancarme el brazo. No puedo… No puedo hacerlo… ¿Y si esto no existe? Tal vez… ¿Sabes? Tal vez nada sea real. Voy a dormir otra vez y trataré de soñar cosas lindas, como antes, con mi chico, al cual no encuentro… Le extraño. Quiero que me abrace alguien. Te abrazaré si no te molesta…

18 de Sept…

Basta de fechas… Todo igual. No sueño más que con esa bestia acuática. Viene por mí todas las noches. 10:05 se mueve entre mi piel si no me duermo. Ni un minuto más ni uno menos. Trato de grabarlo y es imposible. Es más, ni siquiera se ve el tatuaje en el video. Algo sucede y ya no sé qué hacer.

21, 23, 24, 25…

Y sigo contando los días querido diario… No aguanto esto…

3 de Octubre…

¡EL MES DEL HORROR ESTÁ CERCA Y ESTA COSA NO SE VA! ¡NO SE VE! ¡NADIE SABE LO QUE ES! Lo han visto varios, pero nadie ve cuando se mueve. Han preguntado dónde me lo hicieron. ¿Estaría dispuesta a condenar a alguien más?

4 de Octubre…

¡He visto a mi chico! Y… ¡PUTA MADRE! ¡NO ME RECONOCIÓ! Sus malditos gorilas me alejaron de él. Le hablé del tatuaje, se lo mostré. Sus ojos brillaron, como nuestra primera vez. Me dijo: “¿lo estás alimentando?”; y yo le dije: “claro y me carcome el sueño”; y él me dijo: “es perfecto vas por buen camino”; y yo le dije: “pero ya no puedo descansar”; y él me dijo: “es el precio de un bello tatuaje que tanto anhelaste”; y yo le dije: “no lo anhelé”; y él me dijo: “apuesto que sí”. Y recordé que el día anterior me obsesioné tanto al ver una película del monstruo de la Laguna Verde… Yo cree mi pesadilla…

13 de Octu…

¡BRE! ¡ESTA MALDITA COSA SUBE Y SUBE HASTA MI CABEZA! ¡EN MI SUEÑO ESO SE COME! Y CADA NOCHE COME Y COME MÁS DE Mí Y SI NO DUERMO SE MUEVE HASTA MI CUELLO Y SUBE POR LA NUCA Y LUEGO…

25 de Octubre…

Ya casi es noche de brujas… Estoy tranquila. No he dormido en mucho tiempo. Y cuando lo hago tomo los malditos somníferos. La bestia se ha ido y el tatuaje también. Ya no lo siento… Creo que me he librado de él.

26…

¡ESTÁ EN MI CABEZA! ¡ESTÁ EN MI PUTA CABEZA! ¡NO PUEDO SACARLO! ¡SIENTO COMO NADA ENTRE MI CEREBRO Y MI CRÁNEO, BUSCANDO EL PUNTO MÁS DEBIL! He tomado toda clase de pastillas y nada funciona. ¡QUIERO SOÑARTE DE NUEVO! ¡VUELVE A MI BRAZO! ¡SOÑARÉ ESTA NOCHE! ¡VEN! TE VOY A DAR DE COMER…

7 Nov…

Me he cansado de escribir… Me he cansado de contar… Me he cansado de tomar pastillas…. Me he cansado de soñar… Me he cansado… de vivir…

12 Noviembre

Día final. Siento como se come mi cabeza. ¿Saben? Lo hace por las noches. Empieza a las 10:05… ¡Y NO TIENE PARA CUANDO ACABAR! ¡MÁTAME YA!

16 de Noviembre.

UNA TRIFULCA HORRIBLE FUERA. ESCRIBO RAYONES. AYUDENME. GRACIAS PAPÁ. PERDONA MAMÁ. EL MONSTRUO ME COME. SE COME MI MENTE. ESTALLARÉ PRONTO. ABRAZARÉ EL DIARIO, UNICO AMIGO Y CONFIDENTE. NO VAYAN CON EL CHICO DE LOS TATUAJES ARCANOS. NO VAYAN A LA CARPA DE LAS AFUERAS DE LA CIUDAD. BÚSQUENLOS Y MÁTENLOS. ELLOS HAN VUELTO. ELLOS ESTAN… E… E………

Y tras esto, una explosión de sangre sobre aquella hoja.

Valencia, aterrado, con mano trémula, dejó caer el diario. Lloró amargamente. Fuera, sus compañeros golpeaban la puerta para que saliera. Ya no eran golpes leves, estaban pateando la puerta para abrirla.

En efecto, el sitio al que había entrado era el baño de la casa de la chica. Lo que vio, antes de entrar, fue la vieja habitación de su pequeña hija fallecida hace 2 años. Un joven, meses después del funeral, le otorgó un servicio de tatuajes. Se tatuó el rostro de su hija en la espalda, junto con su nombre.

La escuchaba cada noche. No dormía, no quería verla una y otra vez arrancándole la piel. Miró su espalda. Era hora…

La puerta se abrió de golpe. Aguirre pudo verlo. La espalda del detective se arqueó, para luego ceder ante una presión fantasmal. El sonido estruendoso de los huesos rompiéndose y de cada ligamento abriendo paso al mal interno era inaudiblemente aterrador. Valencia cayó al suelo, gritando de dolor, más allá de este mundo. La explosión siguió a esto. Los gritos se acabaron. Sangre por todas partes. Lo que quedó de Valencia, se dejó caer en el suelo del baño. Hallaron el diario cerca de su mano. Más, en ninguno de los casos ocurridos, hallaron los tatuajes descritos.

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