El Nahual Errante: Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae.[1]

Los inicios siempre son emocionantes y no hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla. Algo teníamos que hacer con nuestras asquerosas vidas, más allá de trabajar y perdernos en la rutina del día a día. Aquí está nuestra propuesta, nuestras letras y nuestra extraña manera de concebir del mundo. El Nahual Errante está vivo y está compuesto de todas las partes inmundas de la literatura que la academia desprecia. Nosotros no somos dignos de la crítica rigurosa, pero somos la razón, el detonante para futuros y hambrientos lectores con toda una escuela de autores cíclopes a nuestras espaldas.

Hablar de “la literatura de lo insólito” es referirse a esos géneros que la literatura canon ha tachado de menores, debido a que prioriza el entretenimiento antes que “el buen gusto”. ¿Realmente “la literatura menor” no tiene otro fin más que el de ser una fuga de la realidad y entretener? No. Puedo afirmar, con gusto, que los puristas se equivocan y que cada tópico que encierra esta “literatura de lo insólito” tiene sus propias reglas y modalidades con las que se rige. También es importante recalcar que fueron y son el medio para criticar una realidad aplastante que nos consume. La fantasía no sólo habla de hadas y dragones y el terror no sólo habla de vampiros y monstruos de la noche. Estamos en contra de catalogarlas en un solo cajón. Se debe entender que existe la literatura de horror y terror, de fantasía y de ciencia ficción como elementos que tienen su propio universo con el que se rigen y existen, diferenciado sus características únicas con claridad una de la otra y su función, también, es criticar la realidad que nos consume.

Los monstruos de antaño, esos de la vieja escuela, se han extinto. Drácula, el hombre lobo, la bruja y demás personajes, han ido cayendo con cada uno de sus reboots. Estamos hartos de vampiros que no mueren con el sol; de hombres lobo, adolescentes y guapos, que no asesinen por el gusto de la sangre y de academias para brujas. Estamos hartos de la humanización del monstruo, de la civilidad forzada que adquirieron como requisito para ser parte del siglo XXI y olvidamos que esos monstruos no están ahí para convivir con nosotros. Olvidamos que ellos no buscan aceptación. Que no son como nosotros. Pareciera que el monstruo del doctor Frankenstein obtuvo su añorado lugar entre los hombres y ahora tiene una familia, un empleo estable y posiblemente un bonito nombre con el que se presenta a las reuniones de padres de familia.

Olvidamos que ellos nos enseñaron sobre la fragilidad de la vida humana, sobre el gusto por lo oculto y a entender que podemos ser simple ganado de seres superiores y que el miedo a la oscuridad tiene un por qué. Ellos no son nuestros amigos ni quieren serlo, son el enemigo a exterminar para supervivencia de nuestra especie o la decadencia de la misma. Al final, un espejo en el que no deseamos vernos reflejados.

No hay necesidad de temerle a las entrañas, la sangre. El monstruo nos enseña que somos seres frágiles y que pueden llegar a nuestras viseras con facilidad. Las entrañas tienen su propia dramaturgia, su propio tempo y ritmo, y generalmente, se niegan a adaptarse a los requerimientos del arte.[2] El monstruo está para recordarnos nuestro lugar pusilánime en el universo y que estamos muy lejos de alcanzar nuestra propia idea de bien o mal. Nuestra torpe concepción de Dios.

Nosotros buscamos revivir el culto a esos monstruos que no mueren y siempre regresan. Demostrar que el miedo nos remite a esa forma primitiva de nuestro ser, aún en esta era de comunicación y tecnología. Buscamos el trastocamiento de la realidad donde la ciencia falló y no tiene una explicación lógica para tranquilizarnos. Buscamos ese futuro que nos enseña lo podridos que estamos como especie: éste es el resultado de todas nuestras malas decisiones.

Hablar de “géneros menores” es hablar de la esencia humana y por eso, como gustosos consumidores de estos géneros, buscamos darle voz y forma a esos miedos, no para entenderlos, ya que no buscamos ser la cura. Somos la razón, el detonante. Si estás dispuesto a enfrentar esos miedos, bienvenido. Aquí la realidad no es lo que parece y te aseguro que podrás ver a los ojos “eso” de lo que huías de niño al apagar las luces.

Este primer número se lo hemos dedicado al “Rey del terror”, Stephen King, como parte de nuestra dedicación a distintos géneros que van desde el terror, la fantasía, hasta la ciencia ficción. No hace falta presentaciones ni falsas adulaciones. Sus libros se venden en todo el mundo, con traducciones a muchos idiomas y tantas adaptaciones cinematográficas y para televisión que no parece estemos satisfechos aún de la pluma de este escritor.

Este año, tenemos un resurgimiento de dos de sus mejores obras: IT y The Dark Tower, para la pantalla grande, así como la reedición The Mist en formato serie por Netflix. Para este número y por el momento, dejaremos en las cloacas a Pennywise, pues habrá mucho de qué hablar del payaso en los meses siguientes. Para este tomo decidimos dedicarnos a la obra más prolífica del escritor estadounidense y que todo fanático de su narrativa debe conocer: The Dark Tower. Así que “bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae.”[3]


[1] Bram Stoker, Drácula, 1987
[2] Luis Alcocer Guerrero, Florilegio de teatro psicotrónico, 2013
[3] Bram Stoker, Drácula, 1987

Publicado por

Escoria

Mediocre intelectual, andrógino, depravada social. Soy un Dios fantoche de logros pueriles, de creaciones aberrantes e inestables. Todo un fraude.

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